Historias del Tercer Mundo

Más simbólico que utilitario ha sido el uso de los muros a lo largo de la historia: la muralla China, el muro de Berlín y más recientemente el muro de Trump. Ahora, en su versión tercermundista, los muros antifeministas de AMLO y Bedolla ¿Qué querrán decirnos el gobierno federal y su replicante estatal al amurallar sus palacios frente a las mujeres?
“El más grande constructor del mundo soy yo y les voy a construir el muro más grande que jamás hayan visto. Y adivinen quién lo va a pagar: México”, dijo Donald Trump durante su campaña presidencial de 2015, causando gran indignación entre los mexicanos.
Para Trump, según declaró en esa misma época, los mexicanos somos delincuentes, violadores y vendedores de droga ¿Qué serán para los gobiernos de Morena las mujeres?
Tal como el expresidente xenófobo quería que los mismos mexicanos pagara el muro que “protegería” a su nación, ahora la administración estatal, en lo que parece ser una de las peores ideas que se le ha ocurrido a su equipo de comunicación, decidió decorar las vallas metálicas con que rodeó su palacio con fotos de mujeres.
“A ver, rayenmésta”, pareciera decir, retador, el Ejecutivo.

“No es provocación, todas las organizaciones tienen contemplado marchar y manifestar su libre expresión”, dijo su vez Elvia Higuera, subsecretaria de Derechos Humanos de Gobierno del Estado.
Agregó que para demostrar su buena intención es que se estaban colocando imágenes alusivas al 8M en las vallas, así como frases dispersas.
“Les voy a decir a ustedes lo que es el feminismo”, parecen decir esas frases dispersas.

La funcionaria aseguró que esto se hacía para atender una petición que había emitido por escrito del INAH.
“No, de ninguna manera, imagínate”, dijo Marco Antonio Rodríguez Espinosa, director del Centro INAH en la entidad, desmintiendo así las justificaciones del Ejecutivo a través de su defensora de los derechos ¿humanos?

Hasta el despistado presidente municipal de Morelia, emanado del partido político que pretede regular las manifestaciones, pareció entender mejor el tema:
“Respetamos las distintas formas de expresarse y actuar, estamos en mesas de diálogo con las colectivas feministas, nosotros le apostamos al diálogo”, expresó Alfonso Martínez al asegurar que no cubriría el Palacio Municipal.
Lo cierto es que la iconoclastia que se lleva a cabo durante las manifestaciones, que por cierto suele ser más creativa en las feministas: agua pintada, esténciles, grafiti, pintas, calcomanías, diamantina, humo, se ha empleado desde los inicios de las muestras de descontento social, tiene una razón de ser y un significado: visibilizar un problema, reflejar el hartazgo hacia las instituciones y tal vez incluso hacia la sociedad.
“Me parece también que es una manera muy visual de querer acallar lo que no se puede acallar, que son las voces de las mujeres”, opinó la exsecretaria de la Mujer en el estado, Nuria Gabriela Hernández Abarca.

No se debe olvidar que las instituciones de todos los colores no han hecho más que simular interés en atender la violencia de género, que Michoacán ocupa los primeros lugares en violencia sexual, que los asesinatos y desapariciones de mujeres siguen constantes y en aumento, que no hay aborto seguro, legal y gratuito ni atención médica para víctimas de violación -a pesar de lo que digan las leyes-, que el 90 por ciento de las sentencias de pago de manutención y alimentos de menores no se cumplen, que se acabaron las escuelas de tiempo completo y en síntesis, que las mujeres siguen desamparadas ante las instituciones que se preocupan más por garantizar equidad de género en los cargos públicos, defender sus paredes y organizar foros.
La colocación de este muro, a su vez, tiene un significado también: que el Gobierno del Estado no quiere ver ni escuchar las demandas feministas, que le importa más su edificio y que sus puertas no sólo permanecerán cerradas, sino reforzadas con metal.
Dos reflexiones más: el Estado no toma la misma actitud ante las marchas de febrero, cuando se conmemora la incursión policial en Arantepacua y el 2 de octubre, cuando los normalistas intervienen con pintas el Centro Histórico.

La afrenta es clara y es contra las feministas, como si se tratara de personas peligrosas e indeseables, cinco días antes de las manifestaciones, obstaculizando el libre tránsito de los morelianos al invadir la banqueta, clausurando el acceso a un recinto supuestamente público.
Si el gobierno no reconoce como un problema público la violencia de género no estará en la agenda y no se generarán políticas púbicas encaminadas a erradicarla, y difícilmente se reconocerá como un problema si es el mismo Estado el que está ejerciendo una violencia simbólica contra las mujeres.
Así cómo no van a dar ganas de rayarlo, quemarlo todo, hasta que caiga.
La autora es maestra en Políticas Púbicas por el Instituto de Investigaciones Económicas y Empresariales de la UMSNH y licenciada en Lengua y Literaturas Hispánicas. Ha publicado cuentos y poesía y se ha desempeñado como periodista enfocándose en temas de política, Congreso y derechos humanos.
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