Historias del Tercer Mundo

Algunos pobres europeos y estadounidenses se sienten pisoteados en sus derechos al verse “obligados” a vacunarse contra el covid, ya que la vacuna se ha convertido en un requisito para ciertos empleos, viajar o ingresar a algunos lugares.
Los europeos “rebeldes” han decidido burlar al gobierno no aplicándose la vacuna contra el covid y viajando entre ellos (ya que no se les permite subir a ciertos transportes), renunciando a sus empleos y otras medidas por el estilo.
Si alguno de estos revolucionarios se enferma, será atendido en un sistema de salud de primera, con baja saturación, en donde se le darán las mejores atenciones y tendrá altas probabilidades de sobrevivir.
Mientras tanto, en México, la gente hace filas toda la noche para poder adquirir una dosis y hasta hace poco también hacían filas para obtener un tanque de oxígeno, los cuales se ponen en renta, porque muchos no tienen ni siquiera para pagarlos.
En nuestro país los que se rebelan contra el gobierno son los que interponen amparos para obligarlo a vacunar a sus hijos menores de 14 años o viajan a Estados Unidos -los más favorecidos económicamente o los beneficiarios del gobierno de Nuevo León-, para que los menores puedan ser inoculados, ya que el Gobierno Federal se ha negado a proporcionarles vacunas.
México sería el paraíso de los antivacunas del primer mundo: nadie está obligado a vacunarse. Es más, mientras menos se vacunen, mejor. Los niños no son “conejillos de indias” de las malvadas farmacéuticas, aquí se piensa que son inmunes al covid, a pesar de que los registros digan lo contrario.

No obstante todo lo anterior, en México y Latinoamérica sigue creciendo la comunidad antivacunas y es que desde tiempos de la Colonia, estos países absorben y adoptan las modas del primer mundo, aun cuando la gente no las entienda o cuando resulten completamente fuera de contexto, ayudados por la paupérrima educación pública, la falta de compresión lectora y la proclividad a la superstición y el alto sentido religioso.
Así, argumentos como “no me da la gana vacunarme”, “es una imposición del Gobierno”, “experimentan con nosotros”, “control mundial”, “las vacunas tienen grafeno” y todo tipo de imbecilidades se expanden en las redes sociales como pólvora, así como otras necedades, como que los hisopos con los que se hace la prueba para detectar la enfermedad poseen “sustancias venenosas”, como afirma un supuesto doctor español en un video que se comparte por WhatsApp.
El mismo Presidente de la República ha alimentado -tal vez sin querer-, esta ola de estupidez al asegurar que el covid se combate no siendo clasista o consumista, siendo acariciado con Vick Vaporub o con imágenes religiosas, aseverando que los niños no contraen covid o insistiendo en que la variante ómicron no es letal.
Habría que preguntar a los flamantes antivacunas y conspiranoicos mexicanos: ¿qué conviene más a un gobierno como el nuestro, que la gente se vacune o que no lo haga? A decir de los centros de vacunación saturados y los pocos días que se destinan a cada grupo etario para vacunarse, así como a la negativa de vacunar niños, resulta difícil sentirse obligado o siquiera presionado por las autoridades.
La autora es maestra en Políticas Púbicas por el Instituto de Investigaciones Económicas y Empresariales de la UMSNH y licenciada en Lengua y Literaturas Hispánicas. Ha publicado cuentos y poesía y se ha desempeñado como periodista enfocándose en temas de política, Congreso y derechos humanos.




