Foto: ACG

HIJA DE MI MADRE

Esta semana se conmemoró por primera vez el Día de Luto Estatal por Todas las Mujeres Víctimas de Feminicidio, siendo el 3 de noviembre de cada año la fecha exacta. Este día quedó instaurado por el Ejecutivo apenas en marzo de este año y fue impulsado por colectivas feministas y familiares de víctimas de feminicidio.

Con el decreto emitido se obliga a las autoridades a tener un acto público y hacer un minuto de silencio en honor a las víctimas, pero este acto no es de celebración, ni una conmemoración normal, no se trata tampoco de querer crear una tradición y mucho menos creemos que pueda servir como medida de reparación. De lo que sí se trata, es de que las familias de las mujeres víctimas de feminicidio, tengan un día para ver a las autoridades a los ojos y recordarles que la omisión es complicidad y que Michoacán es un estado feminicida por más que lo quieran adornar.

Para las mujeres que vivimos de cerca este tipo de delitos es en extremo complicado poner en palabras lo que se siente; el miedo, la impotencia, la amargura de la impunidad, la incertidumbre de si nos va a tocar, y un sin fin de cosas que nos atraviesan el cuerpo, pero algo sí tenemos claro: nosotras no necesitamos un día en específico para recordarlas, ni nosotras ni sus familias necesitamos un día decretado para honrar sus memorias.

Nosotras las recordamos diario y las honramos cada vez que salimos a exigir justicia, cada vez que no nos quedamos calladas ante las agresiones; las recordamos diario con dolor, con incertidumbre y con la amargura que provoca la impunidad.

Pero ¿entonces por qué buscamos que se decretara este día de luto? Simple. Porque es necesario visibilizar este fenómeno social tan cruento y que ha cobrado tantas vidas. Porque nosotras no, pero parece que las autoridades sí necesitan que les estemos recordando que sólo este año más de 200 mujeres no volvieron a sus casas y no han tenido justicia.

Para nosotras, como acompañantes y como feministas, es importante que las autoridades vean de frente el problema, que le pongan rostro y nombre a las mujeres asesinadas y dejen de verlas como simples y frías estadísticas.

El evento del pasado 3 de noviembre fue un reflejo del por qué exigimos este día, pues a pesar de que el objetivo es honrar a las víctimas indirectas, la institución encargada cuidó más el protocolo e invitar a todos los funcionarios de todo el gobierno que generar un acto o mesas de trabajo con las víctimas o escucharlas por lo menos, e incluso cuando el evento comenzó había familias manifestándose y nadie les brindó atención, porque la indolencia y apatía con que la sociedad y gobierno ven este problema ha rebasado ya los límites de lo humano.

Y no los culpo, ¿cómo no vamos a perder la sensibilidad si vivimos en un país que tiene 98 personas asesinadas todos los días? Tan sólo en 2020 cuatro nuevos homicidios o feminicidios fueron cometidos cada hora, o un nuevo crimen cada quince minutos en el país. Las estadísticas de violencia son desoladoras, y para muchos, se quedan en eso, en números, olvidando por completo que eran seres humanos.

Para el 2021 ya hay generaciones de jóvenes adultos que toda su vida han vivido en un país en guerra, guerra interna contra el narcotráfico, pero guerra en fin y por supuesto que a la larga esto nos iba a dejar secuelas en la psique, en cómo vemos y comprendemos la muerte, y la incuria con que es tratado y abordado el tema del feminicidio es un claro ejemplo.

Nadie se inmuta si no le toca de cerca, porque ¿por qué inmutarse por una mujer asesinada, si hay tantos hombres muertos diariamente? Viviríamos una vida en duelo y no acabaríamos nunca de entristecernos.

El ser humano ha perdido la humanidad y nos urge como sociedad recuperar la dignidad pisoteada, entender que las autoridades están para gobernar, no para corromper ni politizar y justo de eso va este día, de que la autoridades reconozcan sus errores, omisiones y se les caiga la cara de vergüenza.

El 3N es una oportunidad para reconocer todo lo que nos falta como Estado -entendiéndolo como gobierno y sociedad- para romper la visión apática e indolente y comenzar a trazar estrategias para solucionar esta crisis de violencia machista que a las mujeres nomás no nos da tregua.


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