Lucha como madre

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Hija de mi madre

En México y el mundo entero el Día de las Madres es uno de los más festejados, me animaría a decir que en popularidad va después de Navidad. Todos tenemos o tuvimos mamá y todos tenemos a esa mamá que no es la nuestra pero que podemos felicitar; no nos limitamos a las propias y hasta la mamá del vecino alcanza nuestros buenos deseos. Pero muy atrás quedó el verdadero origen de este día que nació como una protesta.

Durante la Guerra de Secesión, Ann Maria Reeves Jarvis cuidó de muchos heridos y su idea era organizar un Día de las Madres de protesta pacifista en contra de la guerra. Pasado un tiempo, la feminista y sufragista Julia Ward Howe retomó la idea de Jarvis y posicionándose potentetemente contra la guerra escribió la declaración del Día de la Madre, donde invitaba a las mujeres a sentir empatía por las madres de otros países y a no permitir que sus hijos sean entrenados para lastimar a los hijos de alguien más.

Para la segunda década de 1900 el día de las madres se convirtió en una celebración oficial de Estados Unidos, pero más tardó la lucha por su instauración que el monstruo de las dos cabezas, el capitalismo y el patriarcado, en apoderarse de él.

Rápidamente este día pasó de ser un grito de las madres por el alto a la guerra a un emblema del consumismo, donde les compramos la idea de que con electrodomésticos nuevos rendíamos honor o reconocimiento a su labor, cuando por el contrario y en realidad, bajita la mano, mandamos un mensaje de regresar a la mujer a su lugar: la cocina y las tareas del hogar.

Este día que, en México tiene especial fuerza, todos celebramos a nuestra madrecita santa, sin detenernos a pensar que está construido alrededor de estereotipos retrógrados y sexistas de la madre perfecta: aquella mujer sacrificada, entregada, amorosa, incansable y siempre sonriente, que cría a propios y ajenos y siempre tiene comida caliente. Idea que tanto daño nos hace a las mujeres en general y a quienes son madres en particular.

El 10 de mayo en México es un sin sentido total, pero no me mal entiendan, no es porque nuestras madres no merezcan todos los honores que podemos darles en vida, sino porque lo mínimo que hacemos este día se contradice con todo lo que hacemos el resto del año.

Son ellas el pilar de nuestra sociedad, las creadoras de la vida, los sostenes de la esperanza, las trabajadoras incansables que sostienen el sistema y las que sin dudar hacen eso a lo que llamamos amor de madre, pero que es trabajo no remunerado.

Ellas lo merecen todo, entonces ¿por qué no aferrarnos a las raíces de este día? Que sea nuevamente un día de honor y lucha.

En lugar de escribirles cartas, redactemos leyes para asegurar jornadas de trabajo reducidas compatibles con la crianza. En las empresas, en vez de dar electrodomésticos, den licencias de maternidad más largas acordes con la lactancia y licencias de partenidad obligatorias, pues la crianza es compartida. Dejemos de llenar las redes con piolines y felicitaciones vacías y hagamos redes para la crianza colectiva. En lugar de salir a restaurantes y parques salgamos a las calles a acompañar a las madres rastreadoras y buscadores y acompañemos con dignidad su lucha y exigencia por la verdad y la justicia. En lugar de entonar canciones sobre el amor abnegado y el sacrificio materno, entonemos consignas por un sistema nacional de cuidados, por el aborto legal, seguro y gratuito, por justicia para las madres de desaparecidos y víctimas de feminicidios. Reemplacemos el llevar serenatas por llevar estandartes de lucha.

Hagamos del Día de las Madres un día de lucha, por todas las que han sido, por las que son y serán y porque todas las maternidades sean libres, deseadas y elegidas.

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