Revocación de mandato: una inversión en la democracia

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Hija de mi Madre

“Protesto guardar y hacer guardar la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos y las leyes que de ella emanen y si no lo hiciere así, que la nación me lo demande”. Estas son las palabras que hemos escuchado en cada toma de protesta de gobernadores, presidentes municipales y presidentes de la república, sin embargo, pese a las muy lamentables administraciones que hemos tenido nunca hemos visto el proceso formal en que la nación se los demande.

Este 10 de abril México vivirá su primer ejercicio de consulta ciudadana sobre la revocación de mandato. Ejercicio que ha evidenciado la deplorable oposición que tenemos y que, si bien debía imantar la participación democrática, ha tenido el efecto contrario, porque confronta y polariza. Sin embargo, a pesar de la negativa de estos grupos, que paradójicamente, se oponen al gobierno, y a su vez se oponen a la revocación, la consulta va.

Las consultas ciudadanas o referéndums son derechos constitucionales ganados por los ciudadanos frente a los gobiernos. La figura de la revocación de mandato es una herramienta ciudadana que viene desde la democracia en la vieja Atenea y que sirve para destituir a los malos gobernantes, pero que con la llegada de la democracia representativa cayó en desuso, sin embargo, en los cuerpos legales sigue estando vigente y en algunos países del norte global su uso es común.

En Suiza, por ejemplo, un ciudadano es convocado a las urnas 4 veces al año para debatir sobre los diversos temas políticos; en ese país, más de 150 temas diferentes han sido objeto de votación popular desde el año 2000 y se consideran como mecanismos que fortalecen la democracia. En cambio, en México ésta será la segunda vez en la historia que desde el poder se le consulta algo a la ciudadanía. Ambas ocasiones en este gobierno.

La institucionalización y ciudadanización de las consultas es imperante, pues parecería que votar cada tres o seis años es la única vía ciudadana para levantar la voz, por esto resulta primordial fomentar una cultura de mayor participación en la toma de decisiones colectivas para recordar a los gobernantes sus compromisos y responsabilidades, pero sobre todo porque la democracia no es realmente democracia, si no es participativa.

Los partidos de oposición y los grupos críticos del gobierno han tergiversado deliberadamente esta consulta haciéndola ver como una ratificación en el mando, sin que sea éste el fin constitucional. Estos grupos han llamado a no participar en la consulta, lo que en pocas palabras yo calificaría como acto de incoherencia, por no decir estupidez, pues si de lo que se acusa al presidente es un mal gobierno, un mal manejo de la pandemia, la peor ola de violencia, una inflación histórica, una crisis económica y la acaparación de la agenda nacional, así como de los espacios de comunicación, no veo entonces una razón para no participar y aprovechar el foro, para hacerle llegar el mensaje de que ya no es querido.

La oposición, que dicho sea de paso en una pesadilla surrealista aglutina a la que en un momento fue la izquierda (PRD) y a la derecha (PAN) con el dinosaurio de la corrupción (PRI) como aliados, ha hecho una campaña incansable para desincentivar el voto de los ciudadanos, según ellos, para enviar el mensaje de que el presidente Andrés Manuel no es aceptado por la mayoría, es decir, un sinsentido o contrasentido por donde uno lo voltee a ver. ¿No es más lógico que si están tan seguros de que el pueblo no lo quiere, convoquen a votar por su revocación?

Este sería un buen momento para que ofrecieran la evaluación crítica, dura y seria que, en su papel de oposición deberían realizar del gobierno. Un porcentaje alto en contra del presidente, aunque no fuera mayoritario, fortalecería las opiniones opositoras, incluso a pesar de que las últimas encuestas hechas en marzo de este año le otorgan un 59% de aprobación.

Los grupos críticos de gobierno dicen que este ejercicio es una simulación, un despropósito, un derroche de recursos, un capitulo más de su campaña de distracción y polarización, un halago más para la vanidad del presidente, evidencias de su narcisismo político, o un juego porque es más fácil dividir que gobernar y esto lo hace fatal. Si es todo esto, ¿Por qué entonces las elites, los líderes de opinión y la misma oposición se alzan contra este ejercicio de democracia participativa? ¿por qué llaman a no votar en lugar de llamar a votar por la revocación? ¿Por qué intentan deslegitimar este proceso histórico?

Dejemos de ver la consulta como un ejercicio para decirle a Andrés Manuel que no está solo o que queremos que siga, tampoco la veamos como ese mecanismo para acabar con su presidencia. Veámoslo mejor como una inversión a futuro, como un momento que en el 2122 se recordará con orgullo por el triunfo de una sociedad exigiendo y ejerciendo sus derechos, así como hoy recordamos el primer voto de la mujer.

Pongamos el foco sobre la participación de la sociedad en la vida democrática del país. Y a pesar de que corremos el riesgo de que el oficialismo use la consulta popular para avalar sus malas decisiones, debemos salir a votar, porque a lo mejor sin saberlo, seremos parte de las futuras víctimas de las decisiones tomadas en años venideros por los futuros actores políticos.

Veamos la consulta sobre revocación como una inversión en la democracia, para que en caso de que a los mexicanos del futuro les toquen peores presidentes de los que hemos tenido, el pueblo lo pueda quitar sin necesidad de revueltas ciudadanas. Una consulta sobre revocación de mandato establece un antecedente que en el futuro aplicará para todos los gobernantes y poder destituir a los gobernantes ineptos, corruptos o incapaces de manera pacífica y democrática. Por esto nos llaman a no votar, porque tienen miedo que después sean ellos a los queramos revocar.

Es momento que ejerzamos nuestros derechos en una oportunidad histórica, es importante acudir a la consulta y, sobre todo, ser consciente de la trascendencia de esto, pues este ejercicio puede ser aprovechado para conocer la opinión ciudadana sobre el desempeño del presidente, discutir los resultados y el desarrollo de las políticas públicas de la administración, y afinar los mecanismos de democracia participativa que deben de existir, y que son comunes en los países democráticos.

La crispación y el deterioro de la convivencia social, así como las incontables decepciones por parte de los gobiernos han provocado el rechazo y la retracción de las personas, que optan por refugiarse en el abstencionismo, la frustración y el hastío, y cada quien decidirá libremente si participa o no, pero si queremos justicia debemos actuar firme y radicalmente con consciencia y dignidad y que los políticos y toda la sociedad sientan la feroz urgencia del ahora.

Y no importa si no se reúnen los 37 millones de votantes que se necesitan para que el resultado sea vinculante, (40% del padrón nominal) aun así, habremos dado un paso en pro de los ciudadanos, en pro de la democracia y, sobre todo, un paso en el aún no iluminado camino de la justicia. Sea cual sea la decisión de la ciudadanía, será histórica y bajo ningún escenario, ni con el peor de los porcentajes de participación, será un fracaso.

Ya va siendo momento de que comprendamos que la democracia no es sólo ese instrumento que se usa cada 3 años para elegir quien nos gobierna, que debemos ser parte activa de ella; que esto nos sirva para recordar que el pueblo pone y el mismo pueblo dispone.

@esteeselnoanoa

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