Foto: ACG

Hija de mi madre

Para combatir los problemas necesitamos empezar por nombrar las cosas por lo que realmente son. Por ejemplo, un levantón es el delito de privación ilegal de la libertad, el derecho de piso es extorsión, y los “pro-vidas” son fanáticos religiosos antiderechos.

En los últimos días hemos visto en redes y medios de comunicación las marchas del famoso movimiento azul celeste de “salvemos las dos vidas” y malamente, a las personas que participan en él, les llamamos pro-vidas, sin embargo, muy lejos están de hacerle honor al nombre, pues en las palabras del ministro Zaldívar emitidas durante la histórica sesión que declaró inconstitucional penalizar el aborto “Todos estamos a favor de la vida, lo único que sucede es que algunos estamos a favor de que la vida de las mujeres sea una vida en la que se respete su dignidad, puedan ejercer con plenitud sus derechos, en la que estén exentas de violencia y en la que puedan autodeterminar su destino” y ellos, los del pañuelo azul celeste, están en contra de esto. Entonces, ¿qué tan a favor de la vida están? ¿A favor de la vida de quién? ¿De qué calidad de vida?

El domingo pasado sin querer queriendo, dejaron ver lo que realmente son: un grupo de personas fanáticas religiosas que confunden marchas con peregrinaciones, los derechos con los mandamientos, el Estado con la Iglesia, y los deseos personales por obligaciones impuestas.

Durante la nombrada marcha “por la mujer y la vida” tuvieron, a muy mal tino, la ocurrencia de sobre un templete hacer un ultrasonido a una menor de 14 años con 35 semanas de gestación y transmitirlo en tiempo real por pantallas a las más de 5000 personas que asistieron al evento.

Es decir, decidieron instrumentalizar a la menor para mandar el mensaje de que la violencia sexual se resuelve con sólo dar a luz, que los embarazos adolescentes no son una problemática de salud pública, decidieron que una niña embarazada se convertiría en el estandarte de su “lucha” y esto, se vea por donde se vea, es violencia.

No sólo porque violentaron el derecho a la privacidad e intimidad de la menor, sino porque el hacer un ultrasonido en público es violencia obstétrica y por si fuera poco exponerla de esa manera a las críticas, al ojo público de un México que es primer lugar a nivel mundial en abuso infantil, sólo para probar su supuesta legitimidad, es simplemente perverso.

En la marcha, que más que marcha fue una peregrinación con oraciones, plegarias, cantos, monjas y sacerdotes, mostraron la verdadera cara de lo que ocultan sus rosarios: el rostro del patriarcado, la violencia sexual, la deshumanización y cosificación de las mujeres, la pedofilia, la explotación de nuestros cuerpos para fines sexuales y reproductivos y el deseo de control sobre nuestras vidas.

Los celestes, esos que dicen luchar por las dos vidas deben urgentemente recibir clases de educación cívica, les urge comprender que normalizar el embarazo infantil, es normalizar la pedofilia, que una ley que permite abortar no obliga a nadie hacerlo, pero una ley que penaliza abortar obliga a todas a parir, que la maternidad debe ser deseada y que las mujeres tenemos derecho a ejercer nuestra libertad en la forma que lo deseemos, esos que están en contra del aborto, lo que no están diciendo es que están a favor de la inseguridad para las mujeres, de la clandestinidad, y hablemos con la verdad, no defienden las dos vidas, penalizan a la mujer por ejercer su libertad y defienden sus ideales y creencias personales por encima de los derechos humanos y la vida digna de todas.

A los diputados y diputadas que acaban de comenzar esta nueva legislatura les recuerdo que la única obligación que tienen es ser capaces de representar el sujeto que mejor exprese el mayor punto de conciencia colectiva de la comunidad en un momento determinado y ese mayor punto de conciencia colectiva de la comunidad hoy, somos las mujeres con un pañuelo verde: Las mujeres a favor de los derechos, las feministas, el verdadero movimiento pro-vida.


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