Foto: Alfredo Soria / ACG

Es el camino de la fe. Los fieles lo recorren cada año, sin importar el clima, el frío, la afluencia. Nada importa cuando se trata de acudir al Santuario Guadalupano para conmemorar a la Morena del Tepeyac.

Es 12 de diciembre -y desde la noche anterior-, cientos de peregrinos arribaron a las puertas de la casa de la Madre de Dios, a 492 años de su supuesta aparición ante el indígena mexicano Juan Diego.

Foto: Fátima Paz / Primera Plana Mx

Arrodillados, en pie, con sus hijos sobre los hombros, las manos llenas de flores o cargando imágenes de la Virgen de Guadalupe, los fieles, más guadalupanos que católicos, rinden el homenaje anual, para agradecer los favores recibidos y pedir algunos milagros.

La recuperación de la salud, la solución de algún problema familiar, encontrar un buen empleo o simplemente que las cosas mejoren un poco, son múltiples las peticiones de los devotos a La Guadalupana.

Entre la neblina que aún se percibe y el frío que cala en los huesos, los peregrinos, niños, bebés, adultos mayores, jóvenes, familias completas, amigos, grupos de compañeros de trabajo, se encaminan a los pies de la Morena del Tepeyac, con cantos, rezos o el silencio de la devoción y el cansancio.

Desde las calles aledañas al mercado de San Juan hasta las inmediaciones del bosque Cuauhtémoc, se observó una movilidad complicada por la aglomeración de fieles, entremezclados con estudiantes que se aprestaban para un día más de clases y trabajadores que se dirigían a sus centros laborales.

Foto: Alfredo Soria/ACG

También hacen presencia los comerciantes, que en cálidos anafres y braseros, desde humeantes ollas, ofrecen tamales, atoles, ponche, café, buñuelos y otros antijitos mexicanos a los friolentos caminantes.

Es el camino de la fe, el que lleva a las plantas de La Guadalupana y que cada año recorren cientos, miles de piadosos que llevan sus esperanzas y sus dolores a la Virgen de Guadalupe.

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