Fotos: ACG

El calor ya no es una molestia pasajera. Es una presencia constante que se queda atrapada entre el concreto y se mete en la rutina diaria. Se siente en el aire caliente que no se mueve y en las noches que han dejado de refrescar. Aunque muchas personas lo perciben sólo como una temporada más intensa, especialistas advierten que detrás de estas temperaturas existe un cambio más profundo en la forma en que se comporta el clima dentro de las ciudades.

Columba Fraga, estudiante de la Maestría en Ciencias Biológicas de la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo (UMNSH), especializada en manejo de fauna silvestre, explica que uno de los cambios más notorios es la diferencia entre las temperaturas máximas y mínimas que actualmente se registran.

“No sé si propiamente es el clima, pero vemos que las temperaturas máximas y mínimas cada vez son más distantes… tenemos temperaturas máximas de 35 grados y mínimas de 13 o 14 en un mismo día, son valores que hace apenas 10 o 15 años no veíamos”, señala.

Para Fraga, estas variaciones no solamente modifican la sensación térmica de las personas, sino que afectan directamente a la fauna urbana que habita la ciudad.

“Esto repercute en cómo llevamos el día a día. Nosotros afortunadamente podemos mantenernos hidratados, usar protector solar o resguardarnos del sol, pero la fauna urbana no tiene la misma suerte”, comenta.

Aves, insectos y pequeños vertebrados enfrentan temperaturas extremas sin suficientes espacios de sombra, agua o refugio. En muchos casos dependen de terrenos baldíos, árboles o pequeños espacios verdes que sobreviven entre el crecimiento urbano.

“No solo enfrentan las altas temperaturas que también tendrían en su medio, sino la falta de lugares de refugio, la falta de alimento, la contaminación y los incendios en pastizales y baldíos que pueden ser su único lugar seguro”, explica.

Además, advierte que algunas prácticas humanas empeoran las condiciones para estas especies, especialmente durante temporadas de reproducción.

“Las poblaciones se pueden ver afectadas por las temperaturas y por malas prácticas de poda y mantenimiento… la quema de pastizales o la poda de árboles afectan directa y severamente los nidos de las aves que ahí habitaban”, señala.

También menciona que acciones aparentemente pequeñas, como tirar botellas de vidrio en espacios abiertos, pueden generar incendios por efecto lupa y afectar zonas donde todavía existe biodiversidad urbana.

“También evitar tirar basura, específicamente botellas o envases de vidrio, para evitar el efecto lupa y un posible incendio accidental que pueda afectar a la biodiversidad urbana”, agrega.

Por su parte, el doctor José Arnulfo Blanco García, profesor investigador de la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo, explica que el incremento de temperatura tiene relación tanto con el cambio climático global como con las condiciones propias de las ciudades.

De acuerdo con el investigador, el calentamiento global ha provocado un aumento sostenido de las temperaturas en distintas regiones del planeta, pero dentro de las ciudades existe además un fenómeno conocido como isla de calor urbano.

La gran cantidad de concreto, asfalto y superficies que absorben energía provoca que el calor se acumule durante el día y se libere lentamente por la noche, impidiendo que el ambiente se enfríe de manera natural.

A esto se suma la falta de áreas verdes suficientes para regular la temperatura. La ausencia de árboles y espacios de sombra provoca que las ciudades se vuelvan más vulnerables ante las olas de calor y que las temperaturas se mantengan elevadas incluso durante la madrugada.

Blanco García también advierte que las lluvias han cambiado su comportamiento. Aunque no necesariamente llueve menos, las precipitaciones suelen ser más intensas y concentradas en menos tiempo, generando inundaciones, saturación del suelo y dificultades para la recuperación de agua.

Mientras tanto, la población busca adaptarse con mayor consumo de agua, ventiladores y aire acondicionado, aunque no todas las personas tienen acceso a esas medidas y mucho menos la fauna urbana.

Fraga señala que frente a las altas temperaturas también es importante adoptar medidas básicas de protección, como mantenerse hidratado, evitar actividades bajo el sol durante las horas de mayor calor y utilizar ropa ligera, sombreros o sombrillas.

Lo que ocurre actualmente en las ciudades no es un fenómeno aislado. Especialistas coinciden en que es resultado de años de transformación urbana, reducción de áreas verdes y cambios ambientales que hoy comienzan a sentirse con mayor intensidad.

El problema ya está presente en las tardes sofocantes, en las noches que no refrescan y en los espacios sin sombra. Pero también se refleja en las especies que dependen completamente de las condiciones ambientales que las personas han construido alrededor de ellas.

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