Emocionarte

“El mejor color del mundo, es el que luce mejor en ti”.
C.C.

Apenas hace algunas semanas que se lanzó el estreno de la película de Barbie y ya hay una ola rosada en muchas partes del país, recaudando millones de dólares y regresando al boom que era en sus inicios.

Pero ¿Cuáles fueron esos inicios?

En realidad, Barbie era una muñeca para adultos vendida en Alemania, su nombre era Bild Lilli; sin embargo, fue comprada por Matel y rediseñada por Charlotte Johnson, esto debido a que la hija de uno de los cofundadores de Matel era admiradora de muñecas con estructuras no tan infantiles. Justo, así como inicia la película de Barbie (con la imagen de muñecas cayendo), es como inicia su historia en la sociedad.

Cabe mencionar, que esto de llevar el color rosa a diversos artículos, al igual que Barbie tampoco es algo nuevo, la pinkification o rosificación comienza como un cambio social de tipo mercadotécnico con el propósito de vender, en el cual diversa mercancía cómo vídeo juegos, legos e incluso juegos de mesa como monopoly y algunos otros, cambian de color a la versión rosificada o femenina, globalizando nuevamente a la forma binaria y tradicional de los colores.

Ahora bien, un punto a tomar a resaltar es que la película ha desatado una moda en cuanto al rosa, pero se vive en un desconocimiento total de la historia en referencia a dicho tono y del porqué de éste.

Haciendo una exploración en el tiempo, la realidad es que, en el siglo XIX, se vestía a niños y niñas de la misma manera (vestimenta blanca), esto derivado a que ese tipo de ropa era más fácil lavarla con lejia; no obstante, a mediados del mismo siglo, se realizó un cambio en los atuendos y ambos géneros comenzaron a portar tonos pastel.

En 1918, la vestidura era muy diferente a lo que se conoce en la actualidad, en aquel momento la tonalidad elegida para las niñas era el azul ya que estaba relacionado a la virgen María y a la pureza que esto significaba, para los niños se eligió el color rosa, un derivado del rojo sangre, considerado un tinte fuerte y utilizado por los reyes.

Posteriormente, después de la segunda guerra mundial, las marcas de ropa fueron las que empezaron a diseñar modelos en rosa para las mujeres y trajes en azul para los varones; a la par, se comenzó a buscar que niños y niñas se convirtieran en una versión miniatura de sus progenitores, dando pauta a diversos cambios en la vestimenta.

Para los 80’s la moda de asociar los colores con el sexo de la persona se relacionó con las pruebas prenatales, que les daban la oportunidad a los padres de anticipar la habitación de sus hijos en la decoración de tonos ya preestablecidos.

Aledañamente, en ese momento el ajuste social y el consumismo llevaron a la fabricación de productos especiales para cada uno de los sexos, generando un sesgo que aún hoy marca algunas de las decisiones de marketing en compañías de ropa infantil o de juguetes: las Barbies van en caja rosa y los superhéroes en cajas azules.

Cómo podemos observar, el punto clave en dónde el color rosa y Barbie se encuentran, es aquel en dónde convergen con la mercadotecnia y consumismo; aunque, en la actualidad el color rosa estaba empezando a emanciparse de la exclusividad de las chicas e incluso comenzó a asociarse con un papel activista, pero el lanzamiento de la película, regresa a niñas y mujeres adultas a revivir la ola rosada.

Paralelamente, algunos psicólogos y especialistas en educación señalan que los juguetes son importantes para el desarrollo de la personalidad puesto que son una razón para el aprendizaje; además que tanto los juguetes como los juegos dan la posibilidad de actuar, soñar, curiosear, relacionarse y crecer. Y al mismo tiempo, también dan una serie de mensajes a niños y niñas que refuerzan roles que ejercerán el resto de su vida.

Regresando a la película de Barbie y sumando esto último en cuanto a los roles definidos, me gustaría retomar dos conceptos importantes que podrían generar rispidez en algunas personas que nos leen: Patriarcado y Feminismo.

Nuevamente estás polaridades están inmersas en lo que adquirimos del contexto en el que nos desarrollamos, como aquella película “no soy un hombre fácil” dirigida por Éléonore Pourriat en 2018, en la que un machista termina en un universo paralelo en el cual los roles de género se invierten ¿Les suena familiar?

Barbie land al igual que aquel universo paralelo, son una utopía que se quiere vender como un “mundo mejor”, pero si hacemos un análisis, se termina inclinándose a un extremo; hay dos escenas de la película que son realmente impactantes: en la primera quieren encerrar a Barbie en su cajita rosa y se observa la necesidad y angustia de los directivos puesto que los introyectos de “no debes” de irte de ahí, no te salgas porque no podemos con eso y es necesario mantener el “equilibrio universal”. En la segunda escena, Ken se da cuenta de que en ese mundo nuevo al que ha llegado es reconocido por el simple hecho de ser hombre y en un punto uno de los personajes le dice “si hay patriarcado solo que tratamos de esconderlo”.

Sin ir más allá, y tomando en cuenta que no pretendo criticar, sino dar mi opinión, hasta este punto ¿Que se está enseñando a la niñez en cuanto a roles?

“Tenemos que ser siempre extraordinarias, pero de algún modo siempre lo hacemos mal… Es que estoy tan cansada de verme a mí misma y a todas las demás mujeres hacerse nudos para caerle bien a la gente.

Es demasiado difícil. Es demasiado contradictorio, ¡y nadie te da una medalla ni te da las gracias! Y de hecho resulta que no solo lo haces todo mal, sino que además todo es culpa tuya.”

Lo anterior, no solo es algo que aplica a las niñas y mujeres, es algo que aplica de forma general a todas las personas, cada que a la mercadotecnia se le ocurre hacer un cambio y revolucionar una moda, las personas simplemente se sacrifican y hacen de todo para poder “entrar”; de igual forma, en cuanto a los roles ya establecidos y los nuevos que se están conformando, hay un alto nivel de exigencia para con la niñez y la adolescencia; les llaman generación cristal cuando la fragilidad emocional proviene del contexto en el que se desarrollan y de las pocas herramientas que como sociedad les ofrecemos.

En resumen, vivimos en un mundo en el cual la moda y los estándares están impuestos por personas que no tienen ni siquiera que ver con la mayoría de los contextos, adoptamos una tendencia sin reflexionar de dónde viene o porque “debo” hacerlo y obligamos a que por imitación los niños, niñas y adolescentes se adapten a altos estándares y si no logran cumplirlos se juzgará como “debilidad o fragilidad” y después nos preguntamos cómo sociedad ¿Por qué en la actualidad hay tantas alteraciones emocionales?

La invitación en esta ocasión es a que se reflexione de manera personal la forma en la que contribuimos a que todo esto siga pasando y que si se puede hacer para cambiarlo desde cada trinchera.


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