Peribán, Michoacán

El Santo Grial de las energías renovables se encuentra en Peribán, municipio michoacano que aloja a la empresa Energías Alternativas de México (Enavem) en sociedad con Avogaia. Juntas apostaron al futuro: reutilizar prácticamente toda la materia orgánica derivada de las “sobras” de aguacate para producir aceite, biogás y biofertilizante.

Primera Plana MX recorrió la planta Enavem de la mano de uno de sus socios, Rogelio Sosa, un conocedor de la tecnología para el desarrollo de energías renovables, y quien cuenta con la patente de un biodigestor con capacidad para albergar 16 mil metros cúbicos de material orgánico derivado del llamado oro verde.

A través de un proceso anaerobio, el biodigestor instalado en la planta descompone en 90 días el aguacate que no cumple las condiciones para el consumo humano. El equipo se orienta a tres procesos: el aprovechamiento de desperdicios del fruto para producir aceite de aguacate, biogás y biofertilizante.

“Este biodigestor mide 50 metros de ancho por 60 metros de largo con ocho metros de profundidad, con una capacidad instalada de 16 mil metros cúbicos, es decir, 16 millones de litros, en los que por cada mil litros se crean 100 metros cúbicos de biogás”, explica Rogelio Sosa.

El empresario asegura que la tecnología es altamente generosa con el medio ambiente, pues el material orgánico (desechos de aguacate) que es considerado basura y genera altos índices de contaminación por CO2, se procesa para concentrar el biogás en tanques, que a su vez se reutiliza para operar la propia planta y como combustible para vehículos que cuentan con el sistema de motor de combustión interna con el gas.

“Tenemos aquí una planta que ya no contamina ni en sus residuos ni en su producción y el biogás no provoca efecto invernadero. Las calderas para producir el aceite funcionan con biogás, es una de las tantas bondades que tiene esta planta que requiere de un mantenimiento mínimo: mantener niveles adecuados de PH y dar alimentación a las bacterias para producir la cantidad de metano adecuado”, explica.

El biofertilizante

Monserrat Simón, encargada de Avogaia, empresa socia de Enavem, explica que tras los 90 días del proceso anaerobio que se genera en el biodigestor, el material pasa por un proceso de reproducción de microbiología, el cual se inocula, es decir, se degrada la materia gruesa y se procesa vía oxidación y oxigenación para obtener partículas más finas y de más fácil digestión para las plantas frutícolas, que llevará a la producción del fertilizante.

“De esta manera le estamos regresando los nutrientes a la naturaleza, pasamos de tomar los minerales del aguacate ya descompuesto, los desdoblamos en procesos y los regresamos de nuevo al suelo”, expone.

Conciencia ambiental de la mano del negocio

Rogelio Sosa señala que en todos los procesos la intención es hacer consciencia medioambiental, a la vez que se hace un negocio de aprovechamiento de material orgánico. “Todas las fábricas que producen aceite de aguacate deberían tener un biodigestor, porque sus residuos generan contaminación criminal e irracional, todo ese CO2 que produce el agua se va a la atmósfera y es un contaminante letal”.

Invita a la ciudadanía, autoridades y ambientalistas a acabar con el tabú en el que se ha visto envuelta la producción aguacatera en torno a la contaminación ambiental, y señala que lo que falta es tener un control para el correcto procesamiento de los residuos.

“Todo productor de aceite sabe perfectamente que contamina, lo único que han hecho es no hacer lo correcto, tarde o temprano tendrán que hacerlo por conveniencia y estabilidad del negocio y, sobre todo, por responsabilidad medioambiental”, subraya.

La planta propiedad de Enavem tiene un ciclo cerrado en el aprovechamiento de desperdicios: reutiliza cada gramo de la biomasa del aguacate, también se están realizando pruebas en municipios como Zamora para aprovechar los desechos de fresa y mango, y con ello reutilizar las mermas de esos frutos que también generan altos índices de CO2.

Rogelio Sosa destaca que al ser Michoacán líder en la producción agrícola, los biodigestores son la solución y el camino a seguir para darle un respiro al medioambiente y hacer algo para reducir la emisión de los gases de efecto invernadero que están haciendo estragos con el cambio climático.

Michoacán abastece a un mercado de por lo menos 300 millones de consumidores de aguacate en Estados Unidos, además de satisfacer gran parte de la demanda nacional. El sistema productor de aguacate genera un valor de la producción de 3 mil 100 millones de dólares e involucra la generación de 300 mil empleos.

La industria aguacatera en Michoacán la conforman 31 mil productores que exportan a través de 75 empacadoras y cuenta con 48 mil hectáreas de huertas. El estado exporta un millón 279 mil toneladas al año.

Todo el material orgánico que no cumple con las reglas de exportación y que por tratarse de un fruto que madura y se echa a perder si no se consume, es aprovechado por las empresas Enavem y Avogaia, que de acuerdo con Rogelio Sosa son las únicas que cuentan con la patente, pero apenas atienden el 3 por ciento de la necesidad de aprovechamiento de dicho desperdicio.

Las tareas para el cuidado medioambiental son arduas, pero sin duda las plantas establecidas en Peribán tienen un futuro prometedor y representan el “Santo Grial” de las energías renovables en Michoacán.

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