‘Los milagros sí existen y la fe sí mueve montañas’

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Morelia, Michoacán

Dicen algunos que los milagros no existen, pero la pequeña Kailani Charlotte, de ocho meses de edad sonríe desde el regazo de su madre para contradecir esta creencia.

Ataviada con las tradicionales prendas indígenas, al igual que su madre, Montserrat Ríos Molina, es muestra de que la fe sí mueve montañas y sobre todo, corazones.

Recorre el camino de la fe hacia el Santuario de Guadalupe, como parte de la promesa que Montserrat hizo a la Virgen Morena al saber que se encontraba embarazada y enfrentaba una enfermedad que podría complicar su gestación: diabetes.

“Estamos aquí para agradecerle a la Morenita que me haya dado a mi niña, ya tiene ocho meses y aunque yo soy diabética y ella nació con un soplo en el corazón, ya está mucho mejor, así que cumplimos la promesa de venir a verla, vestidas de guares”, expresa Montserrat Ríos.

Foto: ACG

Mientras Kailani Charlotte y Montserrat se encaminan hacia la casa de la Guadalupana, la calzada de San Diego se llena de personas que, con el corazón lleno de fervor, recitan el Rosario, cantan, sostienen flores u ofrendas entre sus manos, o hacen el recorrido de rodillas.

Entre ellos, está Martín González Zamudio, quien labora en una llantera. Acompañado por familiares, quienes le auxilian a colocar cobijas a su paso y le ofrecen la mano, agradece los favores recibidos este año.

Hay uno en lo especial que agradece a la Virgen de Guadalupe, que es la salud de su padre, recuperado de coronavirus, lo que Martín considera un milagro: “mi papá se puso muy grave, estuvo a punto de morir y ella nos hizo el milagro de que sanara”.

Foto: ACG

“Un familiar fue hospitalizado luego de ser atropellado, casi pierde el pie, pero luego que la Virgencita nos lo curó, ahora está aquí conmigo, ayudándome”, afirma Daniel, de oficio mecánico.

Viene al Santuario de Guadalupe cada año, pero es la primera vez que hace el recorrido de rodillas, y planea hacerlo en lo sucesivo cada 12 de diciembre.

Agradecer los favores recibidos y pedir las gracias que se necesitan son los objetivos de Rocío Rosales, ama de casa, quien camina desde la colonia Arko San Antonio hasta el Santuario de Guadalupe para ir al encuentro con la Morena del Tepeyac. Se ha sentido con dolor en el pie y la cintura, pero confía en que, al ver sus esfuerzos, la Virgen Morena le otorgue la salud.

Foto: ACG

En la antesala de una cirugía, Ricardo Nava agradece la vida, la salud y “el poder vivir el presente sin angustiarme por el pasado o estar ansioso por el futuro”.

Ha sido herido por varias veces por elementos policiacos, lo que le llevará a ser intervenido de una costilla y una clavícula y su fe está en que la misma que le ha mantenido con vida hasta ahora le obsequiará la recuperación.

Hay muchas maneras de expresar la fe: llevar ofrendas, rezar, andar de rodillas… ayudar al prójimo.

José Maciel Gaona, de ocupación jardinero, su esposa y sus hijos pequeños están a las puertas del Santuario de Guadalupe con un pequeño carro de metal donde transportan botellas con agua.

Cada persona que atraviesa arrodillada el umbral recibe una de estas botellas con un gesto de alivio ante el calor y el esfuerzo.

“Somos muy devotos de la Virgen de Guadalupe y estar aquí es una manera de agradecer. Hacemos esto de corazón porque la gente que viene a cumplir sus mandas se sacrifica mucho y queremos darles por lo menos un pequeño detalle”, indica Maciel Gaona.

Hace algunos años observó personas que ofrecían agua a los peregrinos y decidió replicar esta actividad con su esposa e hijos para “inculcarles nuestra fe”.

“Apenas empezamos, pero queremos venir cada año, mientras Dios y la Virgen de Guadalupe me lo permitan.

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