Crónica de una audiencia que nunca llega

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Morelia, Michoacán

El primero en hablar fue Martín M. y en cuanto lo hizo, Verónica del Toro Morales hizo gestos de desaprobación. Sabía lo que se venía. Sin perder detalle y en primera fila de la sala No. 7 de las Salas de Oralidad del Poder Judicial del Estado de Michoacán, escribía en su libreta palabras claves del discurso que emitía ante el juez el presunto feminicida de su hermana María Guadalupe.

“No sé qué pasó con mis abogados, me sorprendió llegar y no encontrarlos”, expresó Martín, quien vestía color beige de pies a cabeza y se dedicaba a no desviar la mirada, siempre con la concentración hacia el frente. El juez, Mauricio Wilfrido Ruiz Navarrete, le explicó que durante la semana le hicieron llegar un documento donde le solicitaban la revocación de los abogados del acusado. “Tenía tu nombre y firma”, le dijo, para que no quedaran dudas.

“No supe qué firmé y lo hice cuando inició el juicio. Yo no he tenido contacto con mi familia”, refutó Martín mientras Verónica se esforzaba para mantener el temple y no exhibir ni un mínimo de flaqueza. Los dos abogados de oficio del acusado, que hasta ese momento se habían mantenido en silencio, tomaron la palabra para dejar en claro que no estaban dispuestos a continuar con la audiencia:

“Por la carga laboral no alcanzamos a preparar una defensa adecuada, apenas ayer nos entregaron la carpeta; entonces, solicitamos diferir la audiencia para poder prepararlo mejor”.

Los fiscales argumentaron que ya eran varias audiencias las que se habían diferido y que la petición no era viable, “los defensores deben de estar preparados”. Los jueces consultaron entre ellos el panorama legal y en menos de un minuto ya tenían una decisión: “Es procedente el planteamiento de la defensa del señor Martín”.

El juez Mauricio Ruiz explicó que existía la posibilidad de que la estrategia de los anteriores abogados no coincidiera con los de oficio, por lo que era prudente dar un tiempo para que se preparara la defensa del acusado. “Señor Martín, tiene oportunidad de platicar con sus familiares y si decide cambiar de abogados, hágame llegar un escrito”.

María Guadalupe del Toro Morales desapareció en Morelia el 24 de diciembre del 2019 y seis días más tarde el personal de la Fiscalía General del Estado (FGE) localizó su cuerpo sin vida en la zona conocida como La Aldea. Por el presunto feminicidio, fue imputado y vinculado a proceso el esposo de la víctima, Martín M., quien desde el 31 de diciembre de ese mismo año se encuentra preso en el Centro Penitenciario “David Franco Rodríguez” y a la espera de una sentencia.

Las audiencias caminan lento. La nueva fecha es el 29 de octubre y mientras los abogados se ponían de acuerdo con el juez para establecer el horario, Verónica del Toro movía la cabeza en señal de negación; una de sus hermanas prefirió cerrar los ojos, como quien lo hace para escapar de la pesadilla.

Foto: Víctor Ruiz

Otra vez impotencia. Verónica viste de blanco, a excepción de su mascada que luce un morado lila. Detrás de sus lentes, se ha perdido la entereza. Sus pupilas y el resto de su cuerpo tiemblan con coraje y frustración. Tiene un nudo en la garganta, pero no detiene las palabras. Se confiesa desgastada y por momentos piensa que sólo está nadando a contracorriente contra todo un sistema de justicia.

Dice que duele la indiferencia y la impunidad. Duelen los días, meses y ahora años. Pero también aclara que se hace fuerte porque no le queda otra opción. No duda en señalar que los constantes cambios de abogado por parte del acusado son una estrategia para alargar el proceso jurídico; sin embargo, hay algo que le despierta más rabia:

“Esta es la manera que tiene el feminicida de seguir controlando y ejerciendo el poder de manera simbólica sobre mi hermana”.

Los pensamientos y reproches corren a toda velocidad en las expresiones de Verónica. Lanza una serie de cuestionamientos: ¿Por qué se obstruye el derecho a la justicia?, ¿dónde están los derechos de las víctimas?, ¿qué se hace para sancionar y evitar este tipo de situaciones? No tiene respuestas claras, pero asegura que no va a permitir que a otra mujer de su familia le ocurra lo que a su hermana.

“Necesitamos que la ciudadanía conozca de estas situaciones, porque esto que está pasando es una manera de decir que las vidas de las mujeres no valen nada, que te pueden violentar, matar y no va a suceder absolutamente nada”.

Foto: Víctor Ruiz

Cuando en la sala No. 7 la familia del Toro Morales se encontraba recibiendo un golpe más a sus aspiraciones de justicia, a las afueras del Poder Judicial, integrantes de la colectiva feminista Mapas bordaban y conversaban, pero hacían más que eso: acompañaban.

Y es que Verónica no pide más. Agradece una y otra vez los gestos de solidaridad, de tener muchos hombros que la acompañen a ella y a sus nueve hermanos. “Esto te trastorna y nos afecta a todos”, reflexiona con una ligera dosis de tranquilidad. Se toma un respiro para recobrar la fortaleza y seguir. Seguir. En el fondo, es una convencida de que es cosa de tiempo para que pueda recuperar la tranquilidad, la paz y el sueño.

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