La humildad y el riesgo, esenciales para hacer un buen teatro: Nacho Tena

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Morelia, Michoacán

Nacho Tena, quien encarna el personaje de Dionisio Pulido en la obra Tzintzun, historia de princesas y colibríes, que se reestrena el próximo jueves en el Teatro Matamoros de Morelia, tiene profundos vínculos con la cultura popular de nuestro estado basados en el contacto con la gente, además, su sólida formación académica no le permite hace concesiones a la mediocridad y la improvisación.

A este hombre entusiasta, coloquial y carismático, joven y veterano a la vez, de pelea, lo citamos en Primera Plana para tratar de conocer las claves de tanta vitalidad. Y él aceptó el reto consciente de que el éxito en el arte solo les llega a los irreverentes.

Artista de teatro, vocalista, activista cultural, crítico de arte… ¿no te enredas un poco al tratar de abarcar tanto? ¿cuál de estas especialidades te da más prosperidad y gozo estético?

Yo me quedo y me resumo como promotor artístico-cultura, aunque, sí, me gusta actuar, cantar y producir eventos. Tengo un carácter que me permite, igualmente, ser un buen facilitador social.

Cantante, actor… a medias

No necesariamente, tengo habilidades y talentos en el canto y la actuación que, más que mostrar, me han permitido entenderme, reconocerme mejor. He hecho varias grabaciones que aún no han sido masterizadas para incluir en un disco. Hace algunos años promocioné el sencillo “No sé rogar”, un tema pop, que se une ahora a varias baladas y a una incursión en el bossa nova brasileño. En teatro no siempre he sido un actor de reparto, he tenido varios protagónicos en el ámbito moreliano.

Por cierto, llegaste a las tablas de manera casual…

Así es, una amiga que estaba estudiando conmigo Ciencia de la Comunicación en la UVAQ me dijo que le faltaba un Diablo para una pastorela y no lo pensé 2 veces. Ella creyó en mí.

Al leer tu hoja de ruta veo que no has dejado de estudiar nunca. ¿Satisfecho?

Claro, luego de egresar de la UVAQ, hice un Máster en Comunicación, con especialidad en Publicidad. Y como necesitaba más, concluí también un doctorado en Didáctica de la Lengua y sus Culturas, con especialidad en Promoción Cultural. Fue en la Universidad de Murcia, España, y me permitió tomar las leyendas de la antigua Valladolid como material para dramatizar. Fue una buena etapa, con muchas emociones a flor de piel.

Para muchos fue una sorpresa tu postulación para encarnar a Dionisio Pulido de Tzintzun

Bueno, me gustó este personaje desde el comienzo, la forma en que presencia el nacimiento del volcán en sus parcelas ¡todo! Yo me vi en la piel se ese campesino de ensueño, de desmayo. Ya conocía al director de la puesta, Santiago Cumplido, y eso facilito en algo el proceso.

¿Cómo lograste hacer valer esta caracterización cuando en escena se movían casi 30 actores?

Por momentos pensé que podría irme mal, porque había muchas estrellas del espectáculo, mucha habilidad performática. Tuve que hacer una exploración auténtica, genuina, y sin ser pretencioso, creo que gracias a mi amor propio y a una buena dirección artística el personaje se da a notar como debe ser.

¿Crees que este trabajo actoral marca un antes y un después en tu carrera?

Más bien creo que ha sido una suma. Tomando como base las habilidades de los compañeros, uno va creciendo. Yo creo que hoy tengo una corporeidad distinta a la de hace año y medio. Hay muchas posibilidades que no había empezado a explorar. Los calentamientos, los ensayos, me han enseñado mucho. Traía vicios en cuestión de posturas que han sido ahora corregidos.

¿En el montaje predominaron los conceptos estéticos y culturales? ¿No hubo grilla política?

No, yo creo que hubo mucha fluidez en las relaciones entre los gestores del proyecto y el gobierno del estado, ambos supieron pasarle por encima a más de una década y media en que el Matamoros estuvo atorado y politizado. Fue una magia blanca, como dijo la curadora Erandi Ávalos. Todo fluyó, se ensambló y se concretó para alegría de los aeroístas, contorsionistas, payasos…¡para todo elenco!

Entonces, ¿satisfecho del todo con Tzintzun…? ¿no hay algún punto oscuro?

Creo que Santiago logró hacer una síntesis muy buena, para crear un espectáculo ágil y profesional. No fue fácil, se reflejaron 7 siglos de la historia tradicional michoacana, también están los hábitos, costumbres, la música típica, los cantos regionales, el vestuario folclórico… Siempre luchó para que no existieran estímulos de más, que sobraran, e hiciera decaer la atención.

De todas formas, se da tanta información visual que yo tengo amigos que han ido 4 o 5 veces al teatro para poder asimilarlo todo.

Se trazó una historia sin diálogo ni folleto en mano que pudo ser entendida hasta por un turista.

¿Qué habría que hacer en Michoacán para que se repitieran espectáculos como este?

La humildad ha sido clave, más allá de los talentos y habilidades ha predominado la parte humana. Triunfaron la voluntad, el profesionalismo. Hay teatro de buen nivel en Michoacán, pero a veces, falta la valentía para arriesgarse. Igualmente, hay ventajismos que no ayudan.

En Tzintzun hubo una capacidad de producción importante, de logística, de procesos. Por primera vez, se recurrieron a proveedores adecuados sin ninguna burocracia.

Ojalá podamos hacer una segunda parte para incluir trazos de nuestra historia que se quedaron fuera como la reforma juarista.

Pero, el mundo no termina con Tzintzun…, ¿qué planes tienes?

Estamos empezando a trabajar en una pieza maravillosa con Alfredo Durán llamada Blackbird, del dramaturgo escocés David Harrower, que pensamos estrenar en noviembre en una Casa Cultura que está por abrirse llamada Poéticas Influyentes, la cual radica en la antigua vivienda del destacado poeta Jesús Sansón Flores, michoacano, nicolaíta.

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