Ciudad de México

La policía antidisturbios y el ejército de Guatemala disparó el pasado domingo gases lacrimógenos y a continuación, golpeó con palos a los integrantes de una caravana de unos nueve mil migrantes hondureños que había entrado por el punto fronterizo Florido en dirección a México y los Estados Unidos.

Los incidentes, en el que varias personas resultaron heridas, tuvieron lugar en el puesto militar en Vado Hondo, en la ciudad de Chiquimula, cerca de la frontera entre ambos países, y comenzaron cuando los agentes del orden le pidieron a los centroamericanos la documentación y una prueba negativa de covid 19, en medio de forcejeos, que más tarde, dieron lugar enfrentamientos más violentos.

Los migrantes aseguraron a la BBC NEWS que se han visto obligados a iniciar esta marcha para huir de la pobreza, la violencia y la devastación causada por dos grandes huracanes en noviembre pasado.

“No tienen corazón, estamos arriesgando nuestras vidas”. No hay trabajo en Honduras”, aseguró a la agencia AFP, Dixon Vázquez, de 29 años.

El procurador de Derechos Humanos de Guatemala, Jordán Rodas Andrade, tildó en la mañana de domingo de “deplorable” las acciones de las fuerzas de seguridad contra los migrantes e insistió que hay que tener “empatía y solidaridad”.

Por su parte, un comunicado de la cancillería mexicana aplaudió la labor de Guatemala, por su decisión de actuar de manera “firme y responsable” respecto a los contingentes de migrantes que “vulneraron su soberanía”.

La primera movilización de 2021 ocurre a pocos días de que el presidente electo de EE.UU., Joe Biden, asuma el cargo tras prometer durante su campaña un enfoque más humano hacia la migración, en contraste con las duras políticas del presidente saliente Donald Trump.

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