Ancla / Primera Plana
Por Patricia Padrón
Bien dicen que la palabra educa, pero el ejemplo arrastra, y aquí vamos de nuevo con las ocurrencias del presidente Andrés Manuel López Obrador que ha decidido que es buena idea retomar sus giras, es decir, mover a todo su aparato de gobierno, reunirse con la población y recorrer el sureste del país, esperemos que con cubrebocas.
Si el primer mandatario de la nación hace este tipo de cosas, –aun siendo grupo vulnerable por su edad–, el resto del país tiene el absoluto permiso presidencial para no hacer caso a las recomendaciones sanitarias que buscan evitar el contagio por COVID-19.
El desgaste de López-Gatell quien todos los días en cadena nacional llama a adoptar las medidas preventivas se va al traste cuando su jefe hace exactamente todo lo contrario, poniendo y poniéndose en riesgo, a él, su staff y a la población.
Mezquino sería si resulta cierto el rumor de que, maquiavélicamente, el presidente se “contagiará” de COVID-19 en estos recorridos y transmitirá su convalecencia desde una cama para causar lástima que le permita ganar adeptos ante la caída estrepitosa de tu popularidad y en medio de las manifestaciones de repudio a su mandato.
Repugnante sería si en pleno pico de la epidemia, contando ya los muertos por miles, AMLO trace la ruta para su “rescate” político en lugar de aplicar todos los esfuerzos del Estado en el combate a este virus.
Como sociedad, la responsabilidad es propia, la palabra “nueva”, incluye distanciamiento social, uso de cubrebocas y constante lavado de manos en la convivencia diaria, no importa que haga el presidente, cuidémonos nosotros, no hacerlo puede costarnos la vida.







