Antonio Rojas Ávila – Morelia Michoacán
El famoso Método Centinela, que ya empieza a estar en boca de todos estos días, sirve para prevenir el nacimiento de brotes epidémicos en un territorio determinado, ya sea una región o un país. Cuando se encuentra activada una epidemia, este modelo sirve para calcular tanto el total probable de contagios en un país como la cantidad y proporción de casos que no se están detectando.
¿Pero cómo funciona?
Esto te lo vamos a explicar en unos pocos puntos:
1.- Construcción de la muestra probabilística

Como se hace con las comunes encuestas políticas o con cualquier trabajo de estadística probabilística, debemos seleccionar una población del mínimo número posible de personas que pueda representar a la población nacional o del territorio que queremos estudiar. Esto se hace con una serie de fórmulas en las que se basa la Estadística.
Por ejemplo, en el caso de México, la Ley de los Grandes Números nos permite recoger muestras de entre 2 mil y 5 mil personas para representar a la población de 129 millones, dependiendo del margen de error que estemos dispuestos a aceptar para el estudio (la única manera de tener 0% de margen de error es encuestando al total de la población).

Así, supongamos que para lograr un 5% de margen de error vamos a seleccionar una muestra de 3 mil personas, pero estos ciudadanos no se eligen al azar, sino que tienen que ser perfectamente representativos de las características de la población total del país. Es decir, la muestra tendría que tener la misma proporción de niños, de pobres o de pobladores urbanos que la que tiene todo México. Obviamente las variables que se elijan dependerán de cada tipo de estudio: en uno socioeconómico nos importa el ingreso y la cantidad de bienes que tiene cada persona, mientras que en uno de salud nos importa su acceso al Sistema de Salud o su edad.
Así, el Método Centinela selecciona en todo el país a las personas que puedan representar lo mejor posible a toda la población nacional, creando una muestra proporcionalmente idéntica.
2.- Evaluación de la muestra

El siguiente paso es muy sencillo: le hacemos pruebas médicas de contagio de una enfermedad, en este caso de COVID-19, a esas 3 mil personas que elegimos, y obtenemos el número de cuántas de ellas están infectadas.
3.- Comparación de resultados con los registros oficiales

Ahora, teniendo los nombres de los infectados, vemos cuántos de ellos han sido detectados por el Sistema de Salud.
Por ejemplo, supongamos que en nuestra muestra de 3 mil personas hay 300 infectados, y de ellos el Sector Salud sólo identificó a 30.
4.- Construcción de factor multiplicador

Ahora es momento de aplicar una simple regla de tres, para saber qué proporción de contagiados no se está pudiendo detectar con la metodología médica que el país está utilizando.
En nuestro ejemplo, si sabemos que estamos detectando 30 de cada 300, entonces sabemos que se está registrando 1 de cada 10 contagios, con lo que nuestro factor multiplicador sería de 10 (porque 10 entre 1 da 10).
5.- Extrapolación de los resultados

Finalmente, el paso final es una simple multiplicación, pues sólo tenemos que tomar el número de casos efectivamente detectados y multiplicarlos por nuestro factor, y obtendremos el número total de personas que, con un margen de error (de 5% en el ejemplo), están infectadas en todo el país.
En nuestro ejemplo, si el Método Centinela nos arrojó que el factor multiplicador para México es de 10, y los registros dicen que hay en este momento 3 mil 181 casos detectados, entonces calculamos que en todo el país hay 31 mil 810 personas contagiadas.
Así de simple
Sin embargo, a la hora de sacar conclusiones muchas personas están cayendo en errores que les llevan a afirmar cosas completamente incorrectas, y por eso hay que advertir:
El factor multiplicador varía a lo largo del tiempo

El hecho de que en el momento en que se hizo las pruebas de COVID-19 a la muestra haya arrojado un factor de 10, eso no quiere decir que en el resto de la epidemia continuaremos multiplicando los casos por 10 para saber cuántos hay en realidad.
Esto es por algo muy simple: la capacidad de detección de infectados, así mantengamos la misma metodología, necesariamente va a variar en cuestión sólo de unos días, sencillamente porque las condiciones de la realidad van a ir cambiando conforme vaya aumentando la cantidad de casos.
Por ejemplo, si sabemos que muchas zonas de México cuentan con un solo hospital para atender a unas 10 mil personas, tal vez en este momento sean capaces de detectar al 10% de los contagiados, pero cuando la cantidad de contagiados sea tres, ocho o 30 veces mayor a la que hay hoy, de ninguna manera ese solitario hospital va a tener la capacidad de detectar la misma proporción de enfermos, sino mucho menos, porque tendrá la misma cantidad de camas, pruebas, consultorios y doctores, con lo que el factor multiplicador crecerá, convirtiéndose en 12, 15 o 100, dependiendo de cuánto se agrave la situación.

Por el contrario, si el país cambia su metodología de detección por una más eficiente o incrementa la cantidad de centros de salud (con hospitales móviles masivos, por ejemplo), entonces la capacidad de detección será mayor, y por ende el factor multiplicador podría mantenerse o incluso ser menor.
Por eso, para los que le entendieron bien al inefable doctor Hugo López Gatell, el factor multiplicador de 8.34 con el que se estimó los 26 mil 519 casos sólo sirve para la semana 13 de la epidemia, en la que nos encontramos, y la semana que viene, y todas las que le sigan, el factor será otro.
El factor multiplicador es completamente distinto en cada país

Muchas personas están argumentando que si en México se detectan 3 mil casos confirmados, y en realidad hay 26 mil infectados, entonces lo mismo sucede en cualquier otro país.
Esto es completamente incorrecto, pues el Método Centinela calculará un factor multiplicador diferente para cada país, ya que en uno se logra detectar una proporción mayor de casos que en otro.
Es decir, en México el Gobierno Federal ha dejado claro que su estrategia (aquí no nos toca calificar si es buena o mala) es detectar sólo a los pacientes que están en riesgo de morir, para que los demás se resguarden en su casa y se reduzca el riesgo de que contagien a otros que sí son altamente vulnerables. Por eso es que tenemos un alto factor multiplicador, mientras que la estrategia de países como Corea del Sur o Estados Unidos es detectar al mayor número de contagiados posibles, haciendo pruebas rápidas en las calles, incluso en medio del tráfico de la calle, por lo que logran un bajo factor multiplicador, al detectar una proporción mayor de las infecciones totales.
Conclusión: el factor multiplicador depende de la metodología de detección utilizada por cada país

Todo lo dicho aquí no quiere decir que alguien lo esté haciendo “mejor” o “peor” que otro, pues lo que se logra a través del Método Centinela o de las metodologías de detección son datos y nada más, y lo único que puede hacer la diferencia es las acciones públicas tomadas con base en esos datos.
Es decir, un gobierno puede tener muchos y mejores datos e implementar acciones mediocres con pésimos resultados, y otro gobierno puede tener pocos y pobres datos pero efectuar inteligentes medidas y lograr grandes resultados.
Aquí el hecho es simple: México ha renunciado a tener muchos y certeros datos sobre la extensión de la pandemia, y prefiere confiar en la sabiduría del pueblo para que siga las recomendaciones y reduzca el ritmo de contagios, y en vez de gastar tiempo y recursos humanos materiales en la detección de los casos, ha preferido concentrarse en la capacidad de los hospitales y esperar que la gente en peligro llegue a ellos.

Corea del Sur decidió obtener la mayor cantidad de datos posible y ha utilizado sus resultados para obligar a los infectados a aislarse del resto de la población, con complejas acciones de política pública y tecnología aplicada que han asombrado al mundo.
También EU está obteniendo un flujo enorme de datos, gracias a la enorme cantidad de universidades y centros de investigación que apoyan al gobierno, pero aún así está obteniendo los peores resultados del mundo.
Vamos a ver cómo le va a México con la estrategia que eligió.
El autor es científico político maestro y doctorante en Políticas Públicas.







