Morelia, Michoacán

Por Jorge Hidalgo Lugo

No se trata de filias ni fobias…

Es algo que debe ser puesto en el contexto que se registra en estos momentos de dificultad mundial y de la que México no es ajeno.

En una contingencia de la magnitud que sea, lo que debe aflorar es un liderazgo, la conducción de quien lleva el timón y arribar a buen puerto la nave, sea de la dimensión que sea el problema que se enfrenta.

Por desgracia, no es el caso y para México, lo que ha debido prevalecer es la iniciativa de los gobiernos estatales y algunos municipales, para no zozobrar en la tormenta.

Tarde, sin preocupación aparente, el gobierno federal debió entrar al escenario de emergencia, una vez que la presión del Grupo de los 20 se ejerció, al conocer el simplismo ramplón con que Andrés Manuel López Obrador, había tomado la contingencia mundial.

Semanas de distancia en que actores políticos responsables como los gobernadores de Yucatán, Jalisco o Michoacán, habían tomado decisiones torales para prevenir a sus representados, fue que López Obrador entró forzado a la pandemia que hoy mantiene en vilo al mundo entero.

Lances absurdos y de completa irresponsabilidad, invitando en videos a la gente a salir y hacer sus actividades cotidianas, sin motivo de preocupación, fueron ampliamente difundidos, en una actitud desparpajada y distante, lejana a la realidad que ya se vivía.

Episodios de oprobio que llenan de repudio internacional ver al conductor del país, pregonando en su circo mañanero que con estampas de imágenes religiosas, billetes de dos dólares a manera de fetiches o hasta tréboles de cuatro hojas, eran elementos más que suficientes para enfrentar un mal que a su decir, sólo le da a corruptos, ricos o conservadores.

Toda una tramoya, como el que acostumbra en su papel de bufón, para tratar de minimizar lo que en diversos estados del país, ya se hacía para prevenir a la población ante la arremetida del Coronavirus y su secuela de muerte.

Y por fin, luego que el mismo florero que cobra como subsecretario de Salud Hugo López-Gatell presumiera que López Obrador no podría ser contagiado del letal virus por poseer atributos que rayan en la divinidad, vino el cambio radical.

Entonces, a destiempo y cuando los gobernantes de al menos 25 entidades federativas ya habían tomado cartas en el asunto, decidió convocar a la sana distancia, mantener el cerco sanitario y declarar la cuarentena obligada para tratar de paliar los efectos de la pandemia que había dejado de ser sólo mortal para los deshonestos y ricos, como también lo presumiera el insufrible Miguel Barbosa, protegido de López Obrador que mal conduce los destinos de Puebla y a sus habitantes.

En eso se esmeraba, en los llamados irresponsables con que plaga sus conferencias de prensa mañaneras, cuando López Obrador, incapaz de aceptar sus muy notorias limitaciones como presidente, político y conductor de un país como México, se enfrascó en su papel de criatura indomable. Caprichoso, berrinchudo, arrogante, decidió no hacer caso al llamado nacional por él mismo promovido a través de sus mascotas que cobran como miembros del gabinete legal y ampliado.

Por sus macuspanas pistolas, decidió que él no debe plegarse a ningún cerco, a ninguna sana distancia, a ningún quédate en tu casa y se fue de gira para hacer el completo ridículo y quedar evidenciado como lo que es, un personaje de ínfima inteligencia, todo menos un líder o buen conductor del navío que necesita México.

Entonces decidió no respetar los ordenamientos sanitarios que se marcan en los aeropuertos, llamó provocadores a quienes reclamaron, con justa razón, su indebido proceder y por si fuera poco, fue a Badiraguato, Sinaloa, tierra del Chapo Guzmán, a presumir su cercanía con los allegados a un criminal que ha cobrado miles de vidas en su delictivo proceder.

Por si fuera poco, trató de justificar que quien se auto considera comandante supremo de las fuerza armadas, compartiera el pan y la sal con gente que ha atacado a miembros del Ejército, dejado en la orfandad a los hijos de soldados y miles de viudas de esa tropa que cayeran en el cumplimiento del deber, combatiendo a los criminales que hoy son arropados y protegidos desde Palacio Nacional.

Visita en un día simbólico por ser el cumpleaños de Ovidio, el hijo del capo a quien se le respeta la libertad en que se conduce por decisión presidencial. Saludo comedido a la madre del delincuente que es juzgado en un tribunal neoyorquino y toda la parafernalia que rodeó esta gira, realizada en medio de un estado de alerta nacional donde lo que menos le importa a López Obrador es la suerte que puedan correr millones de mexicanos expuestos al contagio de esta letal pandemia.

Y con todo esto, el que ha perdido el respaldo popular por sus deficiencias mentales y mentiras estructurales, hoy llama a la “unidá” y pide lo mismo a conservadores que a la prensa fifi, hacer causa común ante una situación que vive México y cuyo efecto devastador es, ni más ni menos, darse cuenta que al frente de la Presidencia de México, tenemos un payaso de tiempo completo, un bufón, un mentiroso, el dueño de un circo de tres pistas.

Todo menos un líder, un estadista que sepa conducir la nave en tiempos de crisis y eso, eso sí calienta, como suele decir el propio arlequín en su carpa mañanera.

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