Wendy Rufino / ACG – Morelia, Michoacán
“¡Pon la cabeza en el suelo y bang, bang!”, grita una indigente disparando al suelo con la punta de su dedo. Los turistas la miran con estupor pero siguen su paseo decembrino. La danza de los viejitos comienza sobre la Plaza Benito Juárez, la gente se reúne alrededor y las fotos no se hacen esperar.

Un hombre lee su periódico con las noticias de ayer y no le importa nada más, tampoco la emoción de los jóvenes que hacen malabares sobre ruedas, ni los calcetines largos sumamente ridículos que portan.
Las compras con motivo de las fiestas desfilan por las calles del Centro Histórico. De fondo en medio del rápido andar de los consumidores, sentados en el suelo adultos mayores alzan su taza de plástico y esperan unas monedas.
Mañana es Navidad, pero la alegría con la pobreza se reúne en las plazas. Un joven permanece estático bajo el sol, otro transeúnte lo mira perplejo, pues le parece indecente que se acomode como si la banca de cantera fuera su cama.

Familias se fotografían bajo el Nacimiento que se inauguró hace días; la voz y los carteles que lo explican nunca es escuchada. Alguien pregunta: “¿De dónde son las piezas, cuántas son?”

Con sus maletas desgastadas y su chal rojo navideño una mujer mayor pasea con la mirada al suelo y una sonrisa. No parece tener un rumbo. Otra joven mujer cruza sus manos y queda pensativa mientras se sienta en una banca; a su lado su bolso rojo deteriorado pero elegante es colocado con sumo cuidado.

Las ofertas se bocean en las calles, los niños están alegres mirando los aparadores, otros niños venden muñecos de trapo debajo del mismo aparador, junto a su madre. “De Japón para el mundo”, reza un anuncio. Otra mujer sentada afuera de la tienda extiende su tazón de plástico.

Jóvenes músicos tocan sin parar en los portales canciones navideñas a cambio de monedas. Por un lado más bolsas con regalos caminan sobre la ciudad.

Hoy es domingo y mañana Navidad, la ciudad es la misma.
“¡Bang, bang, la cabeza al suelo!”













