Las Cruces, Chile.- “El siglo XX y yo nos estamos muriendo”, fue el nombre del recital antipoético que Nicanor Parra dio hace 20 años en la Estación Mapocho de Santiago de Chile, en 1998.
“Ser o no ser/ he ahí el dilema/ qué será preferible me pregunto/ soportar los caprichos del destino funesto/ o rebelarse contra ese mar de tribulaciones…”, comenzó leyendo el autor, entonces de 84 años, que frente a tres mil personas citó a Shakespeare, controlando el ritmo de cada palabra, convirtiéndose en un rockstar de la poesía en movimiento, en la Sala de las Artes.
“Saludo/ Hola/ Mai Mai Peñi… Asómate a la vergüenza cara de poca ventana/ y dame un vaso de sed/ que vengo muerto de agua”, recitó el poeta entre aplausos y risas de una multitud, que trataba de acomodarse entre flashes y cámaras de televisión. Después de más de una hora de leer poemas como El hombre imaginario, Parra recibió una ovación y gritos de fervor en el antiguo recinto ferroviario.
Padre del meme
Poco se dejó fotografiar Nicanor Parra en sus últimos años. Ser rostro de una casa de estudios tampoco era muy atractivo. Pero finalmente aceptó ser nombrado en 2003 profesor emérito de la UDP. Posteriormente recibió la oferta de ser director de la escuela de Literatura Creativa. Tomaría, especuló, el puesto por un millón de dólares “o cambiar el nombre de la Universidad a Pedro, Juan y Diego Portales para aceptar el cargo”, dijo Rodrigo Rojas, académico cercano al poeta, en un diálogo recordado el pasado miércoles en la casa de estudios.
“Mucho antes de morir ya se había transformado en un icono”, comentó a este diario Rojas sobre el autor que creó un universo propio. “Si tú ves las portadas de algunos libros, también hay imágenes que son icónicas: él con chaqueta de jeans… tapando el tiro de cámara para no ser enfocado completamente”, señala por la portada de Lear, Rey & mendigo. “Son gestos físicos que pasaron a ser parte de él, como el pelo blanco, totalmente desordenado, eso también es parreano”, agrega.
En varias ocasiones, Parra se apareció por la Casa Central de la UDP, y siempre era rodeado de admiradores que llegaban con sus libros a pedirle autógrafos. La mayoría jóvenes. Eran nuevas generaciones, que veían en el poeta longevo a un par.
LEE TAMBIÉN: Muere Nicanor Parra, el poeta que revolucionó la poesía hispanoamericana
Un creador que ya había ingresado a un estudio de grabación. No cantó, pero registró su voz para el disco Pichanga de Congreso, en 1992. Las letras eran de su autoría. Tres años después, la banda Chancho en Piedra debutó con su disco Peor es mascar lauchas. Eran 16 temas y en uno de ellos musicalizaban el poema Sinfonía de cuna de Parra. El nombre del CD también era un verso tomado de la obra del antipoeta.
“El fue el padre de los memes. Todos sus textos, por muy graciosos que fueran, tienen una actitud de fondo súper rockera”, dice Eduardo Lalo Ibeas. El vocalista de Chancho en Piedra recuerda que en los 90 visitó a Parra en su casa de La Reina: “Me llamó la atención que escuchaba la banda Rage Against the Machine. Decía que le gustaba”.
Letra tipo anti
Todas las mañanas consumía dosis de ácido ascórbico (vitamina C), hábito aprendido del bioquímico y Nobel estadounidense Linus Pauling. Parra sumaba por la tarde una siesta sagrada. Una especie de rutina, en sus últimas décadas, que no podía faltar en su casa del barrio Vaticano.
“Después del Premio Cervantes (2011) se volvió a ‘poner de moda’: el fanatismo creció, se validó internacionalmente y su casa se transformó en un museo, con él vivo adentro”, decía hace unos días su nieto Cristóbal Tololo Ugarte a revista Paula. “También acudieron multitudes que ya no lo buscaban para conversar o discutir pensamientos intelectuales, sino para sacarle fotos, no sabiendo, prácticamente, nada de él”, agregó.
No fueron pocos los vendedores que ofrecían su retrato y unas velas amarillas con su imagen ( a $ 500), el pasado jueves para su funeral en Las Cruces. También el llamado “corazón con patas”, protagonista de sus obras como las Bandejitas de La Reyna, rápidamente fue estampado en algunas poleras de fans que llegaron siguiendo el cortejo.
“En principio yo creo que no hay que dejarse llevar por lo mediático, pero si ahora no vemos a una persona con un tatuaje de la cara de Parra, no veo por qué no pueda ocurrir el próximo año”, reflexiona la escritora Diamela Eltit. “Hay museos con Neruda y posiblemente va a haber un museo con Parra, pero es un museo dentro de lo literario. Está muy bien que sea así, y no veo que deba ser un deber que incluya una tienda de recuerdos”, agrega la autora de Fuerzas especiales.

“Es mucho más cool para una marca de jeans tener a Nicanor Parra que al mejor modelo chileno. Porque es cool. Pero es cool de verdad. No es impostado”, decía Matías Rivas, editor de Parra hace cuatro años para un reportaje a la periodista Leila Guerriero. “Por eso los interlocutores de su edad se quedan espantados con los Artefactos. Nicanor está en la onda punk o heavy metal, y los interlocutores más viejos llegaron hasta su onda jazz”, señaló Rivas, quien estuvo a cargo de la antología salida por Lumen, El último apaga la luz (2017).
La letra trazada con lápiz pasta negro del autor nacido en 1914, en San Fabián de Alico, se volvió inconfundible. “Parra siempre ha sido uno de mis poetas favoritos, no me gustaba tanto la poesía y llegué por él”, cuenta Pablo Sepúlveda, diseñador que hace una década creó la Antifont, una tipografía digital y gratuita que imita la caligrafía de Parra. “Partió por un trabajo de universidad y pensé que era mejor compartirla porque es un patrimonio, al menos para mí eso es y no voy a lucrar con esto”, aclara el también ilustrador de la UTEM. Y cuenta que en estos tres días 10 mil personas han ingresado al sitio web que la contiene.
“Llore si le parece”, apuntó el titular del diario Las Últimas Noticias el pasado miércoles. “Llore si le parece/ yo x mi parte/ me muero de la risa”, decía a su vez la portada del diario La Cuarta ante una de las frases más reproducidas en las redes sociales por sus fans, cuando la máxima de los funerales son las lágrimas, aquí primó la sonrisa.
En uno de sus cuadernos recuperados a inicios de año y entre los manuscritos que alcanzó a ver de nuevo en su poder, hay uno que se llama “Carta al director”: “DESDE EL DÍA MALDITO DE MI MUERTE que no duermo una pestañada”.
Fuente: LaTercera








