Morelia, Michoacán.- En los nueve meses de estancia en China, Diego Jonathan Fernández Quintero, michoacano de 19 años, ha ingresado dos veces a un centro de retención, acusado por el vigilante de un inmueble de haberlo agredido.

Su madre, Blanca Yolanda Quintero Sánchez, quien vive en Uruapan, Michoacán, sostiene que su hijo es inocente y dice que tras esta acusación, en China se mueve la confabulación y probablemente la corrupción de quienes han estado cerca del caso, así como una exigencia de dinero por parte de la familia de la supuesta víctima.

Sostiene que la Cancillería mexicana y el Consulado de México en Beijing dejaron al joven a su suerte, hasta que intervino un legislador  amigo de la familia Fernández Quintero. “Nadie en Relaciones Exteriores quería ayudarnos”, contó la madre, un día antes de que el gobernador de Michoacán, Silvano Aureoles anunciara que el joven uruapense tendrá un abogado que lo defienda.

La historia de Jonathan y Alejandro en China

Los hermanos Diego Jonathan, de 19 años, y Alejandro, de 25, partieron a China el pasado 19 de febrero, tras conocer, a través de un amigo que reside en aquel país, que una institución educativa solicitaba perfiles con conocimientos especializados de inglés, para impartir clases durante seis meses.

La madre de los uruapenses relata que el día 24 del mismo mes, cinco días después haber llegado a China, sus hijos  empezaron a trabajar en una escuela de la ciudad de Jining, en la provincia de Shandong, tras acreditar los exámenes de selección. Les ofrecieron 18 mil pesos al mes, hospedaje y alimentación. “Pero nunca les cumplieron el ofrecimiento”, afirma la mujer.

Desde Uruapan, Yolanda Quintero señala que en marzo sus hijos fueron notificados por la escuela que los contrató que debían ir a Beijing (a 500 km), a acreditar un curso que pagarían con dinero de su bolsillo. “El 30 de marzo se fueron a tomar el curso, la escuela únicamente les dio una bodega para dormir en Beijing. No les dieron hospedaje ni alimentos y no les pagaron lo que les prometieron”, sostiene.

Comparte que la noche del 1 de abril (ya en Beijing), sus hijos le informaron que fueron a cenar “y regresaron antes de las 12 de la noche a la bodega, pero el vigilante –del inmueble-, un hombre de edad avanzada, no los dejó entrar porque ya no era hora”.

Diego Jonathan quiso ingresar a la bodega “pero el vigilante lo empezó a aventar varias veces, entonces Jonathan le dio un aventón y el vigilante se cayó; después mi hijo le pidió disculpas y pasado el incidente se fueron a dormir, pero llegó la policía y se llevó a mis dos hijos.

“Dejaron salir a Alejandro, pero a Diego Jonathan lo detuvieron; a Alejandro lo corrieron –de la escuela- y un joven mexicano le dio hospedaje y después lo contactó con una señora a la que durante mes y medio ayudó a hacer el aseo en su casa para que le diera alimentación y hospedaje”, Narra la mujer.

Yolanda Quintero cuenta que el amigo mexicano apoyó a su hijo Alejandro para ir al consulado de México en Beijin, “pero ahí le dijeron que no tenían reportes –del hecho-. No lo ayudaron y le pidieron que mientras tanto no fuera al consulado, pero él siguió yendo”.

La madre habló a la Secretaría de Relaciones Exteriores en la Ciudad de México, pero le dijeron que tampoco sabían del caso. Así pasó un mes y dice que en mayo intentó gestionar una cita en la Cancillería mexicana, pero no le dieron cause hasta que intervino un senador michoacano que supo del caso a través de un hermano de Yolanda.

Fue entonces cuando le hablaron del Consulado de México en Beinjin, “me dijeron que ellos no podían hacer nada y que contratara a un abogado, pero que ellos no podían recomendar a nadie y que lo único que podían hacer era ir a ver que mi hijo estuviera bien, porque jurídicamente no podían intervenir”.

La madre señala que desde Uruapan pagó los servicios de un abogado Chino y de una traductora; le cobraron 80 mil pesos “pero no hicieron nada y se confabularon con la escuela; le dijeron a Alejandro que el vigilante estaba grave, pero mi hijo fue al hospital donde supuestamente lo tenían y no estaba ahí. No le quisieron decir si se lo llevaron a otro hospital”.

De acuerdo con la versión de la señora, “los policías que llevan el caso”, quienes tenían en su poder los documentos de Diego Jonathan y Alejandro, “le pidieron una y otra vez” (a Diego) que ofreciera dinero a los familiares del vigilante para que retiraran la denuncia.

Yolanda Quintero precisa que en junio pasado, de manera sorprendente Diego Jonathan fue notificado que saldría libre   “por falta de pruebas”, según consigna el documento que le mostraron, pero tuvo que pagar 15 mil yuanes, el equivalente a 45 mil pesos mexicanos. “Mi hijo se puso muy contento porque al fin salía libre”, comparte la madre.

El 15 de septiembre Llamaron a Diego Jonathan del juzgado, “le dijeron que el vigilante se encontraba en fase uno”, lo que la familia interpretó como no grave, “pero la semana pasada le dijeron que se arreglara con los familiares, y le pidieron 150 mil yuanes, el equivalente a 450 mil pesos mexicanos”, sostiene la madre de los uruapenses.

“Diego les dijo que no estaba trabajando y que no tenía dinero y que sus papás tampoco. El martes de la semana pasada lo volvieron a detener”, dice consternada.

La madre acusa confabulación en contra de su hijo

Yolanda Quintero Sánchez sostiene que el abogado Chino que contrató, siempre aseguró que iría a dialogar con los familiares del vigilante, “pero sólo fueron a la escuela y se confabularon con los directivos; le pidieron a mi hijo 900 mil yuanes (casi 2 millones y medio de pesos mexicanos)”, dice la madre.

“El coordinador de la escuela que los contrató le dijo a mi hijo Alejandro que firmara un convenio por tres años para que los familiares retiraran los cargos contra Diego Jonathan, pero yo le pedí que no firmara nada porque podría ser un engaño.

“Lo hostigaban con llamada para decirle que si ya tenía el dinero; el Consulado sólo le decía que no contestara las llamadas, pero no le daba apoyo”. Mientras, vivían en un departamento que rentaron, con  dinero que los padres les enviaban desde Uruapan.

El desenlace:

El domingo 12 de noviembre, según comparte la madre del joven detenido, su hijo Alejandro fue al centro de retención a llevarle 500 yuanes y ropa abrigadora a Diego Jonathan, pero no le permitieron ingresar chamarras, en momentos en que ya empezó a nevar en esa región de China. El dinero sí lo recibieron.

La mujer señala que el cónsul de México en Beijin, Sergio Aguirre, le dijo a su hijo Alejandro que si en dos meses no se resuelve el caso de Diego Jonathan, “lo pasarán a una cárcel donde será sentenciado por varios años”.

Yolanda Quintero se escucha consternada, y con lágrimas interroga: “no sabemos con precisión de qué lo acusan y porqué lo volvieron a detener. A Diego lo han hecho firmar documentos en Chino que no sabemos qué contienen”.

La señora Quintero recuerda que fue a la Cancillería mexicana y sólo pudo hablar con una persona a quien identifica con el nombre de Elda Contreras, que es el contacto con el cónsul de México en Beijin, “pero después de horas de traslado y de espera en Relaciones Exteriores, sólo me dijo que no pueden hacer nada y tampoco pueden recomendar a nadie como abogado”, expresa.

“Ellos dicen que están para apoyar a los connacionales, pero sólo responden que no pueden hacer más. Así cómo van a defender a otras persona”.

Comparte que hace un día habló personalmente con el secretario de Gobierno de Michoacán, Adrián López Solís, quien le ofreció dar seguimiento puntual al caso de sus hijos, a quienes la mujer considera “muchachos sanos, deportistas y que siempre han sido promedio de diez”.

Mientras, reflexiona en que Alejandro sobrevive en China como puede, en espera de que su hermano sea liberado. Ella sigue haciendo rifas, vende galletas, pide prestado y apoyo a sus familiares para enviar dinero a sus hijos.

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