Morelia, Michoacán.- Frankestein es el mayor monstruo de todos los tiempos. Es la figura más hermosa que representa el existencialismo humano que todos nos preguntamos en algún momento de la vida: ¿Qué hago aquí?, no entiendo el mundo, ¿qué es la moral?, ¿necesitamos compañía?; desgraciadamente nadie ha llevado la novela de Mary Shelley a la pantalla grande cuidando a la historia, expuso el cineasta Guillermo del Toro.

El director de La Cumbre Escarlata brindó una Clase Magistral enmarcada en el XV Festival Internacional de Cine de Morelia (FICM) en la que reconoció que la figura de Frankestein es su mayor influencia en el cine, “fue como mi mesías, como mi San Pablo en el Camino a Damasco, como un personaje que se iba a sacrificar por mí, mi casa está rodeada de Frankestein de tamaño natural, el wey que iba a poner el teléfono no quería entrar, le daba miedo, es como mi iglesia. Si hubiera un Padre, Hijo y Espíritu Santo de monstruos, yo creo que él sería el Padre”, dijo, desatando al instante una carcajada por parte de los asistentes a su clase.

Recordó que la segunda vez que leyó la obra de Mary Shelley (de la editorial Bruguera conseguida en una librería de viejos), le pareció que le hablaba a él únicamente, “toparme con él fue un paraíso perdido, responde a los cuestionamientos: ¿qué hago aquí?, no quiero vivir en un mundo que no entiendo, ¿qué es la moral? Y esa necesidad de compañía que todos tenemos y nadie ha hecho cine adecuándose a la novela”, opinó.

Guillermo del Toro expuso que tanto la historia de Frankestein y Pinocho es la misma: una criatura lanzada al mundo que no entiende, por un padre que no le importa y encuentra una educación moral a través de la vivencia de aventuras.

El director de Hellboy aceptó que todas sus películas tienen una relación constante con los “mostros”, el cual proviene de la admiración al cine mexicano, cuya estética se centra en los “mostros” sin N, “lo bonito de las películas mexicanas de mostros era que siempre salía, como era lo que más costaba, siempre salía a cuadro, a diferencia de las americanas en las que el pinche mostros siempre se escondía o salía a oscuras y uno siempre pensaba, cabrón que prendan la luz para verlo”.

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