Pase lo que ocurra el próximo domingo en las elecciones locales del Estado de México, Nayarit, Coahuila y Veracruz, se pueden ir adelantando ya escenarios rumbo al 2018: el PRI se hunde en los más sucios pantanos del desprestigio y a sus dirigentes parece no importarles; el PAN se pudre en las luchas intestinas cuando huelen el poder; el PRD no está desahuciado como muchos creían, y Morena no es la alternativa para el voto anti sistema y el rompimiento con la partidocracia.
Si tomamos como referencia los comicios mexiquenses, los más representativos por su gigantesco padrón de más de 11 millones de electores, y empezamos por el PRI, podremos concluir que aún ganando, el tricolor pierde.
Porque en su hipotético triunfo, habrán triunfado el despilfarro de recursos públicos; las dádivas, la coacción y la presión para sojuzgar la libertad del voto; la abusiva cargada que se despliega por la orden presidencial; el más rancio corporativismo, y la imposición de un candidato que, sin el respaldo del poder presidencial, no gana ni en juego de canicas
El eventual triunfo del tricolor será entendido, además, como el resultado de la suma de los despropósitos, errores y malos cálculos de sus opositores; es decir, los priistas pueden ganar, pero no por ellos, sino a pesar de ellos. Pueden ganar, pero no por sus virtudes, sino por los vicios políticos de los de enfrente.
Con esa marca caminarán los siguientes doce meses. Y más les valdría que lo entendieran: llegar así a la presidencial, ahí sí, difícilmente les va a alcanzar. Pero no, a los priistas se les ve todo, menos la idea de querer cambiar.
No aseguramos su derrota dentro de un año porque, sí que sí, siempre está la oposición y sus inconsistencias para ayudarlos.
Ahí está Acción Nacional. ¿Cómo explicar su desplome en las campañas mexiquenses? ¿Todo es por culpa de la mala candidata en que se ha graduado Josefina Vázquez Mota? Caray, pero si el priista Alfredo del Mazo es peor, ¡y mírenlo!
Sí, resultó malita la candidata, pero también hay que decirlo: los panistas llegaron no divididos, ¡peleados!, a esta elección. Sus máximos dirigentes están pensando en 2018 y la disputa por la candidatura presidencial los trae tan ocupados que les impidió hacer base en el Estado de México.
Lo peor para ellos es que a la derrota en el Edomex le sigue una muy larga, y tal vez dolorosa, confrontación. En el blanquiazul, lo hemos dicho, ya todos afilan sus cuchillos y el riesgo de la ruptura es real.
El que mejor librado puede salir de la batalla mexiquense es el PRD. Hace dos meses, cuando empezaron las campañas, pocos daban un centavo por el sol azteca y su candidato Juan Zepeda.
Hoy, a una semana de la elección, si bien parece difícil que se alce con la victoria, las encuestas y la percepción indican que sumará tal cantidad de votos que serán suficientes para revivir al perredismo y catapultarlo como protagonista en el 18.
Por lo pronto, hoy hay que decirlo: el PRD no está agonizando, como muchos afirmaban o calculaban (entre ellos el sorprendido Andrés Manuel López, que después de despreciarlo y ningunearlo, hoy lo busca con loco frenesí) y con una buena candidatura puede marcar la pauta en la presidencial del 18.
Finalmente, de Morena hay que advertir que en la consolidación de su presencia, se confirmó como uno más en el espectro partidista nacional. Luego de estas campañas, difícilmente sus dirigentes podrán sostener el discurso y la bandera del cambio; incluso Andrés Manuel López Obrador saldrá raspado y dañado en su imagen.
Morena, sostienen algunas encuestas, puede ganar en el Edomex. Pero el supuesto de una derrota, sería dolorosísimo y de alto costo para sus aspiraciones en la presidencial del 18, pues ese escenario los pondría en la confirmación de lo que se empezó diciendo aquí: No son AMLO y Morena la opción para el cambio, una alternativa distinta a lo que existe y conocemos.
Tal vez habrá de mirárseles con otros ojos y Lopez Obrador, si lo entiende, cambiar de estrategia.
Aquí se queda… ¡Aquí entre nos!







