“Gobiernos ausentes”, “el gobierno cedió la autoridad”, “comunidades abandonadas a merced de la delincuencia”, “Estado fallido”. A partir de esas acepciones, entre otras, empiezan variados análisis de lo que ha ocurrido en muchos municipios y regiones del país desde el año 2006, cuando empezó la escalada de violencia de la que ninguna entidad ha quedado a salvo; el caso de Michoacan fue paradigmático entre 2007 y 2015, durante los cuatrienios de Leonel Godoy y Fausto Vallejo y el negro sexenio de Felipe Calderón.
A partir de ahí, de esas acepciones, es que se debe empezar a reescribir la historia. Eso es lo que ha entendido el gobernador Silvano Aureoles, política y socialmente en lo correcto, a pesar de que los más críticos y/o desesperados no vean “resultados”. Quieren ver la casa o el edificio; no les interesan los cimientos.
Pero resulta que son los cimientos los que dan valor a las obras. Y por eso -decimos aquí- la trascendencia de avanzar, comunidad por comunidad, municipio por municipio, sentando las bases para reescribir la historia. Además, no hay otro camino; ni en Michoacán ni en el resto del país.
Cenobio Moreno y Úspero -no las únicas, pero sí las más representativas- son las comunidades que más reflejan esta parte de la historia en Michoacán. No sabemos si a escala nacional, pues no tenemos por ahora forma de medirlo, pero a nivel estatal son esas localidades de la Tierra Caliente los mejores ejemplos de que sólo con el trabajo permanente, desde abajo, se pueden revertir los grandes males que se acumularon durante los años pasados.
Volviendo al símil de la construcción: únicamente con buenos cimientos se podrá construirá casa o el edificio que todos queremos. ¿Alguien conoce otra fórmula?
Viajar, en el caso del gobernador, prácticamente una vez a la semana a esas comunidades; encabezar, en cada ocasión, las reuniones de seguridad pública acordes a las condiciones y demandas de las localidades; construir centros de salud; escuelas; recuperar y dignificar espacios para la recreación; pavimentar calles; remodelar las plazas comunitarias; poner en marcha planes y programas para los trabajadores del campo, y llevar servicios básicos a las familias, son tareas esenciales, primero para hacer presencia, ahí donde no la había, y luego para hacer del combate al rezago social y a la pobreza en oportunidades, la estrategia base contra la violencia y los grupos criminales.
Se trata, pues, de reescribir la historia. Y construir a partir de los cimientos que, en el caso de Úspero y Cenobio Moreno, ni siquiera se habían pensado.
Aquí se queda… ¡aquí entre nos!







