Liliana Jiménez
Tarímbaro, Michoacán.- Su condición de mujer no la limita para enfrentarse a las duras batallas contra el fuego. Y cuando titubea y quiere “tirar la toalla”, puede más su espíritu de guerrera para pararse frente al peligro y salvar vidas y patrimonios ajenos.
“Ese tiempo se acabó; no hay mujer débil. Yo lo demuestro en mi trabajo luchando por una de mis pasiones: combatir las llamas, y así se callan las bocas de quienes quieren ver a las mujeres derrotadas”.
Así es Carla Daniela, la joven bombera que cada vez que suena la alarma de incendios corre, se viste apresuradamente con el uniforme de las mil batallas, se encomienda a Dios y se cuelga del pesado camión para ir al combate, uno de los muchos que ha enfrentado durante un año de servicio.

“Ser bombera es pasión y anhelo de vida; es compromiso con la gente que está en peligro. La satisfacción de ayudar a la sociedad no tiene precio, esa es mi recompensa diaria, aun con el peligro que enfrentamos al luchar contra las mareas de fuego”, dice la joven moreliana de 20 años, que como sus compañeros varones arrastra, carga y descarga mangueras para sofocar las llamas.
“La lucha diaria con el fuego a veces me debilita y a veces me hace pensar en tirar la toalla, pero mis compañeros me fortalecen y me levanto firme para enfrentar lo que diariamente nos pone la vida en el camino”, dice Carla Daniela Muñoz Valerio, integrante del Cuerpo de Bomberos de Protección Civil de Tarímbaro.
Bajita de estatura, pero grande de corazón, Carla Daniela cuenta que decidió ser bombera, pese a la oposición de sus padres, porque el oficio satisface su pasión de ayudar a quien lo necesita en momentos de peligro.
“La gente al vernos llegar se siente segura y nos apoya con agua o fruta para refrescarnos al vernos en la lucha dentro de un infierno a altas temperaturas”.

Esta mujer se ha jugado la vida varias veces con su “familia de bomberos”, como ella los llama; trabajan en equipo y se enfrentan a esas mareas de fuego que en cualquier momento pueden traicionar, cambiar la trayectoria y causar daños letales a la sociedad en riesgo y a los mismos apagafuegos, que luchan codo a codo hasta salir del ‘infierno’ como gloriosos vencedores.
Carla está convencida de que ser bombera no es tarea únicamente de hombres. En su propio hogar vivió la oposición de sus padres, quienes al saber que ella había elegido esa riesgosa actividad, también le dijeron que era para hombres.
“Yo les he demostrado que cuando una mujer quiere salir adelante, no hay barreras que la detengan, que te frenen. Para mí es más grande el orgullo por lo que quieres y te gusta hacer, que cualquier situación humillante”.

Así, al sonido de la alarma se pone el riguroso uniforme de combate: botas, pantalón y chaquetón contra incendios, con un peso total de 25 kilos, y sumando el equipo autónomo toda la indumentaria llega a los 30 kilos, la mitad de lo que ella pesa.
Carla Daniela dice que no le importa llevar tanta carga a cuestas cuando va a misiones de alto riesgo. Su objetivo es otro: conquistar una victoria sobre uno de los enemigos implacables: el fuego… y demostrarse a sí misma que ser bombera también es un oficio de mujeres.




