José Cacho

Morelia, Michoacán.- En la cárcel la maternidad existe. Para las reclusas del Centro de Readaptación Social (Cereso) “David Franco Rodríguez”, es un rinconcito de cielo tener a sus hijos cerca mientras pagan su condena.

Luego de pasar los controles de seguridad, casetas de vigilancia y mallas que rodean la prisión, se contempla la Capilla y a un lado la Estancia Infantil, donde los niños juegan y aprenden fuera de la gris realidad de las celdas.

Estancia infantil

El colorido lugar, lleno de imágenes infantiles, dista mucho de los elementos de seguridad que escoltan a las visitas. En la estancia se puede ver la inocencia de los infantes que vienen a jugar, dormir, aprender y comer, mientras son cuidados por Athenea Mota y Elizabeth Correa.

Estancia infatil

Las educadoras se encargan de 11 infantes, de ellos 4 son niñas y 7 niños que van desde los 4 meses hasta los 4 años de edad. De los 11, sólo 5 menores  pueden salir de la penitenciaria, pues los familiares van por ellos para llevarlos al doctor o salir a pasear, los otros 6 viven con sus madres en los módulos.

Maestras

Athenea Mota indicó que la estancia infantil cuenta con ludoteca, sanitarios, área de juegos, cunas y camas para la siesta y cocina. Los niños llegan desde las 9 de la mañana, toman su desayuno, juegan, hacen tareas didácticas, duermen, comen y después son entregados a sus madres para que pasen la tarde y pernocten con ellas en sus celdas.

“Tratamos como educadoras y mujeres dar a los niños especial atención y que por ratos se olviden del frío lugar donde se encuentran. Ayudamos a las mamás para que convivan con sus hijos y nos encargamos de ellos, mientras ellas acuden a los talleres, a clases o cuando limpian sus celdas. Aquí es un espacio para que las reclusas sean mamás, no caigan en depresión y puedan desarrollar el vínculo con sus hijos, además de apoyarlos para que no resientan el desapego maternal cuando salen con los familiares”, argumentó.

Adelina Saucedo quien se encarga de la cocina, hizo la invitación a degustar unas galletas de avena que cocinan ahí mismo y son parte de los alimentos que se les dan a los niños en el desayuno, preparados con higiene y de acuerdo a las necesidades de nutrición.

Cocinera

“Me encanta cocinar y que ellos degusten mis alimentos, hacemos comidas que les gustan, desde hotcakes, huevo con verduras o cocido, arroz, pollo en diferentes formas, todo depende de su edad. A los más pequeños les damos leche y formula láctea, al igual que sus papillas, verduras y frutas. Queremos que coman bien y no se nos enfermen”, precisó.

Afuera de la cocina, se encontraban algunas mujeres con sus hijos. Las jóvenes madres convivían con sus pequeños quienes rebosaban de inocencia, júbilo, felicidad y curiosidad por ver personas diferentes en el lugar.

Mamás

Estas madres reclusas tienen entre 20 a 32 años. Se sentía como si fuera un centro maternal cualquiera, en una junta escolar, sin embargo, afuera se podían ver las rejas y el concreto gris que traen a la realidad.

“Los niños no son invisibles, son parte de nosotros, son nuestros hijos y no tienen la culpa, pero al estar aquí cambia mucho nuestra perspectiva, ahora tenemos algo por que luchar, salir adelante y no caer en la misma situación, pues ya no es un juego”, aseveró María de Carmen, mientras cargaba a su hija de  2 años.

Tras pasar otros filtros se pudo llegar a los dormitorios donde descansan las mujeres.

Celda

En ese espacio se observa una Virgen de Guadalupe y a un costado un carro de juguete que usan las mamás para jugar con sus hijos en la parte media del inmueble.

El lugar tenía aroma hogareño, a alimentos recién hechos y en un pasillo sonaba la radio, en ese corredor estaban las celdas, con barrotes pintados coloridamente y unas cortinas de color pastel.

Barras

Las celdas están adaptadas para cuatro personas, pero para evitar el hacinamiento sólo viven dos mujeres con sus respectivos hijos en sus cunas.

Contrario a lo que uno puede esperar, las celdas son confortables, como el cuarto de una joven, pero los barrotes y la cerradura les recuerdan en donde están. Santos, oraciones, adornos, peluches y juguetes infantiles distraen la sobriedad de la celda para no perder la cordura, dicen ellas.

Niño

Así es como viven los “niños invisibles” en un prisión donde nos les tocaba vivir, pero sus madres buscan la manera de que no se lleven malos recuerdos y demuestran su lado maternal tras las rejas, con la esperanza de salir o cumplir su condena, para sacar adelante a sus pequeños quienes sólo conocen ese mundo de cuatro paredes.

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