Foto: ACG

Hace unas semanas estábamos quejándonos de los incendios forestales y las autoridades y algunas organizaciones de la sociedad civil de nuevo activaron campañas de donación y apoyo para los bomberos y brigadistas, debido a que no tenían equipo completo o víveres mientras combatían los incendios, también campañas de comunicación para que la gente no apagara cigarros o no hiciera fogatas, y evitar con esto provocar incendios.

Vimos a lo largo y ancho del país cómo se devastaban miles de hectáreas de bosques por estos incendios forestales, repitiendo la escena como cada año sucede. Unas semanas después llegaron las lluvias, precipitaciones torrenciales que desbordaron presas y ríos, cobraron víctimas, inundaron avenidas y por lo menos nos demostraron que nuestros sistemas de alcantarillado, carreteras y pavimentos, no están listos para estos fenómenos naturales.

No podemos culpar a ningún gobernante de los fenómenos naturales, sin embargo, sí podemos responsabilizarlos de la falta de acciones de fondo para estar más preparados, tal parece que no aprendemos. No aprendemos que son ciclos de la naturaleza y que tal como sucedió hace años, también se desbordó el río Santa Catarina en Monterrey, hace años también se inundó Acapulco con las lluvias, así como avenidas y calles en varias ciudades de la república.

Y la gran pregunta es ¿qué hemos hecho? Parece que lo único que nos queda es acostumbrarnos a tener sistemas pluviales que no están listos, pavimentos y alcantarillado de baja calidad, ver a los bomberos sin equipo, normalizar que no estamos listos para un huracán o para un terremoto, igual que normalizamos que no alcanza el dinero, el maltrato a las mujeres, la inseguridad, igual que normalizamos todo. El gran problema es que la mayoría de los tomadores de decisiones lo hacen en el corto plazo, por ejemplo, el gobernador Samuel García en Nuevo León, después del terrible problema de sequías que tuvo en el estado, con estas lluvias tiene agua suficiente para garantizar el suministro en su estado, por lo menos durante su mandato, por lo tanto, el agua dejará de ser una prioridad, porque el problema será para su sucesor y dejará de ser un problema de su gobierno.

Como este ejemplo, muchos tantos a lo largo y ancho del país, en el momento que quedan resueltos en el corto plazo dejan de ser prioridad, porque no les vuelve a tocar resolverlo, dejándole el problema al sucesor, pero sobre todo a nosotros los ciudadanos. El costo de la improvisación, el costo de no elegir bien, el costo de no involucrarnos como ciudadanía.

​“…viene otro huracán, que se minimiza igual que la pandemia, igual que Otis …”

¡Es tiempo de los ciudadanos!!! ¡¡¡ Que no queremos improvisadores!!!

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