Foto: Portal Veterinaria

Las terapias asistidas por unidades caninas (es decir, un perro de terapia y su técnico) son cada vez más aceptadas por las personas, en especial niños y adultos mayores, pues les generan interés y un grado de confianza que les permite estar más receptivos a tratamientos médicos, psicológicos y de rehabilitación.

Y es que la interacción con un perro ayuda a reducir la ansiedad y aliviar el estrés, según un estudio publicado por la Universidad de Konkuk en Corea del Sur, jugar con un perro, darle de comer, acariciarlo, salir a caminar o abrazarlo aumenta las ondas cerebrales ligadas al alivio del estrés.

Este estudio psicofisiológico realizado por dicho equipo académico muestra cambios específicos en la actividad cerebral de 30 voluntarios mientras realizaban actividades diferentes con un perro. Dichas interacciones activaron una mayor relajación, estabilidad emocional, atención y concentración, además de disminuir los niveles de estrés y provocar respuestas emocionales positivas en su entorno.

Por poner un ejemplo, en el programa Juntos es Mejor de la marca Purina, en conjunto con el Centro de Actividades y Terapias Asistidas con Caninos A.C. (CENATAC), unidades caninas apoyan durante terapias en hospitales y centros de ayuda para niños y personas vulnerables, para ayudar a reducir la ansiedad, aliviar el estrés y fomentar los sentimientos de confianza. Así es como participan en sesiones donde el paciente puede alcanzar objetivos en procesos de rehabilitación física, terapia ocupacional o terapia del lenguaje.

Primero que nada, no importa la raza del animal, cualquier perro puede ser entrenado para ser perro de terapia, sin embargo, la evaluación de su temperamento es lo más importante. Un perro de terapia no es lo mismo que un perro de compañía, necesita que su temperamento sea dócil, sociable, que tolere diferentes tipos de ruido y sonidos, por ello es de suma importancia la evaluación y socialización previa.

Ahora bien, las actividades que los pacientes realizan con los perros van de lo sencillo como acariciarlos, cepillarlos, hasta lo complejo como aprender nuevas cosas o practicar formas de expresión:

  • Acariciar: acariciar y abrazar ofrece al usuario la sensación agradable del contacto. Se puede hacer de diferentes maneras donde se invita al paciente a interactuar con el perro.
  • Cepillado: es una manera de aproximarse al perro sin necesidad de un contacto directo con él. La intención del cepillado es el proceso en sí, no los resultados.
  • Pasear al perro (siempre bajo control): puede realizarse como una actividad compartida, es un modo de estimular la movilidad y de cierta forma, es una actividad que proporciona control sobre una situación.
  • Enseñar trucos y habilidades: entrenar al perro para hacer algo, a partir de conseguir su atención y la respuesta adecuada a una orden como “da la pata”.
  • Lanzar un juguete al perro: esta actividad estimula la movilidad y la motivación a través del juego con el perro con el lanzamiento de un juguete.
  • Actividades de expresión: el perro es un buen facilitador para que los usuarios expresen sentimientos haciendo un paralelismo.
  • Aprender: Aprender cosas nuevas favorece la confianza y la autoestima. El perro es una buena fuente de aprendizaje, la interacción puede ser una fuente de información muy útil y enriquecedora para la persona.

Finalmente, existe un método llamada perro “manta”, se refiere a una serie de 47 posiciones especializadas que el perro adopta para fisioterapia y estimulación temprana. Se utiliza principalmente en relajación de articulaciones, donde el can actúa como una compresa o manta caliente que ayuda a que se realice la terapia que necesite el paciente.

Puedes visitar https://purina.com.mx/ para mayor información y el listado completo de instituciones donde las unidades caninas asisten en terapias.

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