Reportaje gráfico: ACG.

En el segundo piso del Colegio de Morelia, ubicado en la zona norte de la capital michoacana, hay un espacio dedicado a la práctica y la difusión de los videojuegos, vistos no sólo como una opción de entretenimiento, sino también como una herramienta educativa y un deporte en crecimiento.

Entre luces de neón y equipos de cómputo, el director del proyecto Mastery Profesional Gaming, Héctor Cadena, nos recibe, para mostrarnos la Zona Gamer, una colaboración con el ayuntamiento capitalino, a través del Colegio de Morelia, para incentivar el sector de los videojuegos como un mecanismo para incidir en la mejora de la calidad de vida de la población.

“Actualmente, la industria de los vídeojuegos ha tenido un desarrollo exponencial, superando a la música, el cine y otras formas de entretenimiento. Esto le ha permitido tener un impacto excepcional no sólo como forma de ocio, sino como un deporte, una fuente de ingresos y una herramienta para educar a las personas en diversas áreas del conocimiento”, explica Héctor Cadena.

En total son 13 equipos que se encuentran disponibles, así como una consola y un simulador de carreras, en un entorno que contrasta y recuerda a los cibercafés de las décadas de 1990 y 2000, donde los usuarios pueden jugar diversos juegos gratuitos o acceder a títulos de paga, si tienen una cuenta para ello, con costes de 20 pesos por hora o 120 pesos por día.

Pero la Zona Gamer es más que esto. También se ofrecen talleres y capacitaciones sobre los juegos ofertados, el desarrollo de habilidades, la creación de personajes e historias y la realización de transmisiones en vivo.

“Este año arrancaremos con tres talleres, diseño de vídeojuegos, streaming e inteligencias artificiales, arrancamos en febrero próximo, y también fomentamos la creación de equipos para competir en torneos locales, nacionales e internacionales, en estas competencias que se califican como.deporte electrónico”, detalla.

Deporte y educación, al alcance de un joystick

Por años, los videojuegos han sido considerados un entretenimiento que, utilizado de manera inadecuada, propicia la agresión entre los niños y jóvenes, la pérdida de tiempo, el desgaste de habilidades sociales y cognitivas, y otras deficiencias.

Sin embargo, la industria de los videojuegos ha demostrado que es un nicho cuyos dividendos económicos aumentan a pasos agigantados y cuyos adeptos obtienen beneficios e ingresos que contribuyen a mejorar su calidad de vida.

Y es que la experiencia empírica demuestra que, con una adecuación de las horas de uso y los títulos apropiados para las edades de las personas, los usuarios pueden ejercitar la motricidad fina, el pensamiento lógico matemático, las habilidades de estrategia, el trabajo en equipo, la resolución de problemas en situaciones de estrés y presión y la convivencia en comunidades.

Fotos: ACG.

“No hay estudios que acrediten que la violencia en los videojuegos se traduzca en violencia en las personas, es el caso de Japón, uno de los principales consumidores de títulos en el mundo, y con niveles delincuenciales muy bajos. Las más recientes investigaciones refieren que, por el contrario, jugar puede ayudar a desarrollar y fortalecer las llamadas habilidades blandas, que tienen efecto en la vida diaria, la escuela y el trabajo, lo que se debe cuidar es el número de horas de uso y que el tipo de videojuegos sea apto para la edad de la persona, siempre sin dejar de lado la actividad física”, agrega el director de Mastery Profesional Gaming.

Si en lo individual los videojuegos ayudan a fortalecer las habilidades de las personas, en lo colectivo permiten generar y consolidar lazos de comunidad.

“Para juegos como Fornite o League of Legends estamos propiciando la creación de equipos de cinco personas, para competir, y los días sábados los dedicamos a torneos y eventos, en el espacio recreamos los estadios para que tengan un entorno óptimo”, señala Héctor Cadena.

Recuperar las comunidades de juego

En un horario de 09:00 a 21:00 horas, de lunes a viernes, la Zona Gaming recibe a personas desde niños hasta adultos, desde quienes se inician en el uso de los vídeojuegos hasta quienes buscan aumentar sus aptitudes o acceder a equipos de mayor gama.

Y en un ambiente seguro, donde cuentan con acompañamiento y apoyo, además de la posibilidad de intercambiar ideas y experiencias con otros jugadores, es que se forman los usuarios como adeptos a los juegos, futuros desarrolladores, competidores de alto nivel o personas que exploran sus capacidades y la manera en que estas se pueden aplicar a diferentes áreas.

“No es lo mismo jugar dos horas en casa, aun cuando lo hagas en línea, con alguien que vive al otro lado del mundo, que venir a un lugar, utilizar equipos de gama media a alta, con periféricos de alta calidad, en interacción física con personas que comparten el gusto por los videojuegos”, refiere Héctor Cadena.

Recordó que previo a la pandemia de coronavirus, en Morelia se tenían comunidades establecidas que se reunían para jugar. A raíz del aislamiento que conllevó la contingencia sanitaria, se propició una práctica individual y la interacción en línea.

Ahora, la meta es buscar la recuperación de estas comunidades, “sacar a los jugadores de sus casas y llevarlos a convivir con sus pares, fomentar las competencias y que exploren sus intereses”.

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