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En el país, 7 de cada 10 mexicanos que nacen pobres no logran superar esa condición a lo largo de su vida y mueren en la misma pobreza, perpetuando el ciclo, de acuerdo al estudio de Movilidad Social en la Ciudad de México 2019 del Centro de Estudios Espinosa Yglesias.

Si a esto se le suma el abandono, voluntario o no, ya sea por orfandad o porque el Estado reclame la tutela de un menor, las expectativas de un buen desarrollo para miles de niños que viven en casas hogar en el país se reducen drásticamente por el contexto implícito de su realidad.

Estos niños, niñas y adolescentes víctimas de violencia, pobreza, crimen organizado, migración, entre otras, no solo no viven en un entorno familiar, sino que en su gran mayoría sobreviven en malas condiciones nutricionales, de salud física y mental y en instalaciones no adecuadas, lo que representa un desafío social de gran relevancia, gestando una generación de seres con altas posibilidades de desafiar al sistema con conductas antisociales.

De acuerdo al INEGI, en México hay 53 mil 862 niñas, niños y adolescentes en los Centros de Alojamiento de Asistencia Social (CAAS), según datos obtenidos en el Censo de Población y Vivienda 2020.

Datos del Coneval revelan que más del 10% de las niñas y niños están en pobreza extrema y alrededor de un millón 780 mil que equivale al 6% de las niñas y niños de entre 1 y 14 años se les castiga con violencia severa semanalmente.

Aunado a lo anterior y de acuerdo con Aldeas Infantiles SOS México cerca de 5 millones de niños mexicanos están en riesgo de perder el cuidado de sus familias por causas como pobreza, adicciones, violencia intrafamiliar y procesos judiciales.

Si el trabajo de Mariana Rodríguez en Nuevo León se llegara a replicar en el país con la misma metodología y estrategia, México estaría frente a un rescate generacional y, con esto, romper una brecha transgeneracional al transformar la vida de cientos de miles de niños de forma positiva para que, en el futuro, sean ciudadanos de bien.

El aumento de la criminalidad no es más que el síntoma de la falta de educación, atención, valores, igualdad y oportunidades que no tuvieron los niños y jóvenes del ayer, hoy se vislumbra la oportunidad de que los adultos del futuro tengan una nueva realidad que abone a un mejor país.

Mariana ya nos dio la receta.

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