Acapulco, Guerrero
Hoteles y viviendas destruidos, caminos colapsados y miles de personas aisladas. Así ha quedado Acapulco, en el estado de Guerrero, tras el paso del huracán Otis, la peor tormenta de los últimos 30 años en el Pacífico que alcanza territorio mexicano.
Así describe el diario El País, la situación que impera en ese destino turístico tras los sorprendentes embates de Otis.
El ciclón, que en 12 horas pasó de ser una tormenta tropical a huracán categoría 5, la máxima clasificación posible, ha dejado el destino turístico como una zona de guerra con árboles caídos, escombros, cubiertas arrancadas y edificios sin paredes, señala el diario español.

Ni el Servicio Meteorológico Nacional (SMN) ni las autoridades locales y federales han podido prever la intensidad del fenómeno.
Tampoco los científicos. La velocidad con la que se intensificó el huracán ha sido insólita y ha obligado a las autoridades mexicanas a emitir una alerta de evacuación de la zona apenas unas horas antes de que Otis tocara tierra.
El SMN avisaba a las 12.00 de este martes que el huracán alcanzaría Acapulco a las seis de la tarde del día siguiente. Sin embargo, el temporal se adelantó y ha arrasado la ciudad costeña a las 00.25 de este miércoles.
Los vientos de más de 270 kilómetros por hora que impactaron la localidad y el estado de Guerrero, uno de los más pobres del país, se han llevado todo a su paso. Más de 500.000 personas se quedaron sin luz, internet y teléfono de madrugada y hasta el momento sólo se ha restablecido una parte del servicio.

La caída de las comunicaciones ha complicado el acceso a las zonas afectadas y se anticipa que las pérdidas serán millonarias.
La fuerza insólita del huracán ha llamado la atención de la comunidad científica que relaciona el poder devastador de Otis con la temporada de El Niño, un fenómeno que está asociado a cambios en la atmósfera y a la fluctuación de la temperatura del agua en el Pacífico cada cierto tiempo.
“Existe la hipótesis de que podría estar relacionado con la subida de la temperatura de los océanos, no significa que haya más huracanes, pero sí que cuando hay uno, el ciclón acelera su formación tomando más energía bajo estas condiciones”, explica Claudia Rojas, del departamento de Ingeniería de Procesos e Hidráulica, de la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM).
*Con información de El País




