Morelia, Michoacán
El grito, desgarrador, se escuchó con tanta fuerza que la piel se enchinó: “te amamos Caleb, te amamos…” y decenas de voces respondieron con el mismo dolor, “Caleb vive… justicia para Caleb“.
El sur de Morelia se tiñó de dolor, de indignación, de gritos que resonaban por encima de la tambora; de mujeres y hombres que abrazaban el féretro donde descansaban los restos de Calen Nahún Rodríguez Pérez, el Batman de la tenencia Morelos, el que soñaba con una comunidad libre de la delincuencia, del acoso hacia sus mujeres y del maltrato animal.
La música que exacerbaba los sentimientos, entre el coraje y el dolor, entre el canto y el llanto… “Soy como quiero ser, ser amigo de todo ranchero; hasta los codos sincero a más no poder, soy como quiero ser”, así corearon tantos la canción que hizo famosa Joan Sebastian y que esta tarde tocó a pulmón la Excéntrica Nueva Reina, la banda favorita de Caleb Nahúm, el hijo de don Germán Rodríguez; el hijo, el hermano, el amigo de todos.

A metros de donde el criminal disparó en repetidas ocasiones para después huir, cobarde, ahí donde la sangre del hombre se derramó cortando su vida, ahí fue el tributo que le rindieron cientos de habitantes de las colonias que integran la tenencia Morelos y más alá de ella, una de las 14 tenencias que integran el cinturón de las zonas semiurbana y rural de la capital michoacana.
El rostro moreno de Rodríguez Pérez, de camisa rosa, blancos dientes y sonrisa franca, en la lona que enmarcaba el féretro de madera rodeado de flores; toldos azules, blancos; listones rojos marcando líneas para evitar tumultos; el amor al “Prieto”, como le decía su hermana Selene, hizo casi imposible cumplir con la instrucción.
Gente de sombrero y hasta a caballo como tanto le gustaba a él; su familia, su mujer, su hija; su padre, don Germán Rodríguez, el hombrezón tan roto por dentro y dando ejemplo de valor ofreciendo tener siempre abiertas las puertas de su casa, “como si todavía estuviera él”.

La entereza de don Germán parecía no tener límite: minutos después de que la voz femenina gritó “estén atentos a las redes sociales de nuestro jefe, porque vamos a convocarlos, vamos a cerrar lo que tengamos que cerrar, vamos a quemar lo necesario…”, el padre llamó a la mesura “sólo les pido una cosa, no tomen la justicia por sus manos, dejen que las autoridades, si es que pueden arreglar este asunto, qué bueno y si no, allá está un Dios todopoderoso…”, les dijo en un mensaje que a muchos provocó lágrimas de rencor y de tristeza.
El dolor de don Germán brotó de repente, luego de que ofreció su hogar donde había muchas cosas que había dejado Caleb para entregar a la población, como medicamentos, alimento para animalitos y otros apoyos; fue entonces que lo dijo: “quiero hacer hincapié a todos, yo soy de este pueblo, pero el pueblo me ha tratado mal, deveras que no sé si algún día me tengo que retirar de ustedes, pero el legado de él aquí queda“.
“Esta persona que hizo esto, no supo lo que hizo, el dolor tan grande que dejó en nosotros”, remató y se fue.
Antes, el primero en abrir tributo en ese homenaje fue Yankel Benítez; el secretario del ayuntamiento guardó al funcionario y se dirigió al hermano de proyectos y batallas, con el que hizo mancuerna por la tenencia Morelos, por el amor a Morelia, “le arrebataron la vida, pero jamás podrán matar sus sueños, porque los legó a su familia, a su hija y a sus amigos” y como todos los que abordaron tribuna, exigió justicia para el hombre arteramente asesinado.

En el mismo tenor, el senador Antonio García, recordando cómo conoció a Caleb y cómo lograron amistad y afecto, “así lo hacía, construía amistades”.
En la recta final, la Excéntrica le tocó las que más le gustaban; siguió con la de “te vas ángel mío” y el corazón de todos se estrujó, pero los coros siguieron; la banda la rompió con aquella que reza “el día que yo me muera, no voy a llevarme nada, hay que darle gusto al gusto, la vida pronto se acaba… Ya muerto voy a llevarme, nomás un puño de tierra“.
Caleb Nahún, el jefe de tenencia, el Batman de Morelos, el hombre que no tuvo miedo, el que decía sonriendo “cuando te toca, te topa“, partió a su última morada en el panteón de su tenencia, el camposanto que no alcanzó a terminar de rehabilitar, donde pondrán una estrella y una placa para recordarlo siempre.
Descanse en paz.
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