Morelia, Michoacán
Al filo de las 10:00 horas, Yaochitontemitzin llega a impartir su clase de Danza Mexica a la Casa de la Cultura cargando tres bolsas en mano con su atuendo de danzante. Le espera su grupo Coyoltin Ayacaxtli, sus alumnos y hermanos del camino para danzar en honor a Huitzilopochtli.
Con 33 años de vida, Eduardo Gómez es un padre moreliano que se ha desenvuelto en diversas ramas de la motricidad: el atletismo, la educación física, las artes marciales y desde hace 11 años, la Danza Mexica, en la que ha encontrado conexión con los cuatro elementos naturales: fuego, aire, agua y tierra. Además cuenta con una especialidad en terapia de Psicología Gestalt.
Padre de Xiuh de seis años, Jyaru de cuatro y Nazul de dos años, Yao (como le dicen en cariño en su círculo de danza) relata a Primera Plana su experiencia de ser padre e introducir a sus hijos al Camino Rojo, el cual se enfoca en rescatar los saberes milenarios de las culturas del Anáhuac, las cuales tienen una historia de más de siete mil años de sabiduría y que se desenvolvieron en el actual territorio mexicano.
“Ser padre ha sido un reto constante. Se busca desplegarse en todas mis dimensiones, crecer y seguir evolucionando para desarrollar las herramientas más adecuadas para brindarles a mis hijos una convivencia y compañía saludable. Más consciente y plena para mantener una relación equilibrada y de retroalimentación mutua”, compartió.

Mis hijos, mis grandes maestros
Los grandes maestros de Yao han sido sus tres hijos, quienes son formados de la mano con su compañera de camino Brisia.
“Cada uno de mis hijos me aporta algo diferente, cada uno tiene su propia personalidad y necesidades. Aunque los tres se encuentran en la etapa de la niñez, requieren atenciones muy particulares”, reflexionó.

Integrar las medicinas con la paternidad
Yao y Brisia llevan una década de caminar juntos, como pareja y seis años como padres. Han sabido integrar las medicinas ancestrales como la danza y el temazcal con la paternidad gracias a la convicción de brindarle a sus hijos una formación humana integral.
“El Gran Espíritu me dio un gran regalo de encontrarme con Brisia, se han compartido búsquedas de visión, ayunos, danzas. Logramos compaginar energía para llevarla a nuestros hijos, quienes desde el vientre estuvieron cerca de la danza y del sonido del huéhuetl (instrumento de percusión de origen prehispánico”, añadió.

El Camino Rojo para la consciencia y conexión
Eduardo Gómez lleva once años en el Camino Rojo, un camino que se elige por convicción, bajo la necesidad de conectar consigo mismo para vincularse con las demás personas y la naturaleza.
“Gracias a esa conexión nos ha dado fortaleza como familia, de amar desde la consciencia porque cuando se camina de esta manera, es un gran regalo que te da la vida”, expresó.

Su formación como maestro de educación física normalista
Egresado de la Escuela Normal de Educación Física (ENEF), Yao reconoce y agradece la formación generada por el doctor Ricardo Pérez Tejada, el abuelo Cuatro Perro, quien ha incidido en decenas de estudiante de la ENES a través de concepto de Motricidad Educativa Integral (MEI), logrando integrar saberes ancestrales con la sanación y el movimiento.
“En mi formación conocí a Ricardo Pérez Tejada, hubo una invitación a caminar a Wirikuta, tierra sagrada, un tesoro que tenemos los mexicanos. Caminamos en el desierto en familia, antes de ello conocí el temazcal, una medicina ancestral de purificación y en esa caminata me quité un velo de los ojos, regresé vitalizado y sintiéndome más vivo y libre y de inmediato conecté con la danza”.
A once años de comenzar aquel camino, Yao es un guía espiritual que ha impactado en centenas de personas. Está al frente de Coyoltin Ayacaxtli, un círculo de danzantes mexicas que se ha convertido en una gran familia de sanación. Además, cada quince días, con el apoyo de sus tres hijos y su dualidad Brisia, guía el temazcal Nopalcalli, ubica en San Pedro Paro, Pátzcuaro.

“Lo importante de todo esto, es reconocer donde estamos parados en el presente. Los mexicanos somos producto de una mezcla de genes, ideales que nos posibilita crear un rostro y un corazón verdadero que tiene que ver con el caminar con autenticidad reconocer las libertades de elegir con el corazón para encontrar el equilibrio interno”, mencionó.
Trabajar la tierra, conectar con la naturaleza, danza para agradecer, encontrar el equilibrio desde el amor y buscar la consciencia de sí que permita conectar con las demás personas, son los ejes por los que camina Yao, el danzante que integró su paternidad con la terca postura de rescatar la sabiduría de los abuelos del Anáhuac, culturas que integraron el estudio astronómico con la espiritualidad, la política y la vida cotidiana.
Yao es un padre que disfruta y aprende de sus hijos, que comparte desde la raíz y que en cada paso de danza, se enraíza con el suelo para redefinir un nuevo concepto de humanidad y de realidad.
Discover more from Primera Plana MX
Subscribe to get the latest posts sent to your email.