Aportación de: Fundación Educación Para La Vida

Cuál sería el sentido de experimentar la vida si no podemos reflejarla en la mirada de quienes nos acompañan, sólo así nos sentimos pertenecientes a esta vida, nos apropiamos de ser parte de un espacio en esta existencia, y así asumimos que nuestra presencia influye y cuenta en este mundo. Importante es la presencia de una persona en la vida de otra.

Este 15 de mayo, que celebramos el Día del Maestro, en Fundación Educación para la Vida queremos hacer especial énfasis sobre la importancia del rol docente, en el compromiso y la preparación que debe tener este para ser promotor del desarrollo del potencial humano de su alumnado. Una tarea nada fácil, sumando más allá del desarrollo curricular. 

Reconocemos la complejidad, la vulnerabilidad que enfrentan los docentes en su labor, al momento de su cátedra, de su presencia. Al involucrarse de manera profunda con los alumnos se requiere que muestren de manera abierta su perspectiva y experiencia de vida. El verdadero docente hace de su estilo de vida un estilo profesional, a lo que podemos llamar congruencia, aquello que el alumnado aprecia y que le permite aprende de manera significativa. Sin diversión, sin un involucramiento auténtico, afectivo y emocional; es decir, sin amor no puede haber aprendizaje. El maestro pone todo, todo lo que es, para poder alcanzar sus objetivos profesionales, hacer de sus alumnos lo que están destinados a ser.

Es tarea del docente inspirar a los otros a satisfacer activamente sus necesidades, a fomentar la proactividad del ciudadano, asumiendo como esencia humana el proceso permanente de cambio y movimiento, un movimiento con tendencia actualizante. La tarea última de la educación debe ser no perdernos a nosotros mismos, sino asumir con orgullo e ímpetu las dos motivaciones internas más profundas del ser humano, la supervivencia y la autorrealización.

Lo más importante en la educación no es la memorización, sino la formación. No es más importante educar en función de las necesidades sociales del sistema, sino en función de la propia integración de la persona. 

El reto actual del docente es ser el facilitador para que sus alumnos se conviertan en personas capaces, con iniciativa propia para la acción, la elección y la autodirección, con conocimientos y herramientas relevantes para la solución de sus problemas; capaces de integrarse a su realidad, capaces de reflexionar sus experiencias para usarlas de manera libre y creativa, y con ellas determinar su destino.

La tarea es facilitar el autoaprendizaje de los alumnos, comprender que solo se aprende significativamente aquellas cosas que identificamos, que nos permite la supervivencia o el desarrollo del ser, y que solo se aprende en un ambiente no amenazante a nuestra imagen y autoestima. Esto se puede lograr generando ambientes de aprendizaje donde exista la empatía, aceptación y congruencia.

La educación para decirse humanista, necesita dar relevancia a las sensaciones, sentimientos, pensamientos, al lenguaje corporal y a la experiencia misma de los alumnos, pues comprende que el ser humano trabaja de manera unificada, y que solo así se podrá trascender a una educación que promueva la autorrealización; se trabaja y se aprende con lo que está sucediendo en ese momento en el aula, en la escuela, en la comunidad, es decir en el aquí y el ahora.

La educación humanista, es decir, para la vida, busca que la relación maestro (facilitador)- alumno(facilitado) sea no defensiva, que el docente tenga una formación experiencial, con proceso sobre sus experiencias y de su persona, que no solamente sea un teórico, sino que viva en sí mismo lo que está tratando de hacer que el otro viva.

El docente tiene la tarea de generar ambientes escolares promotores de crecimiento. Como educadores nos hemos detenido en nuestro crecimiento, por que hemos tenido que ser como no somos en nuestras escuelas, hemos tenido que complacer a otros para sobrevivir en un mundo escolar en el cual nuestros alumnos se sienten carentes de poder. Este poder hay que recuperarlo y lo lograremos haciéndonos más sensible hacia nosotros mismos y a las experiencias de nuestros alumnos.          

Mtro. Gacel Sayah Guillén Almazán

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