Foto: Archivo

Morelia, Michoacán

Octavio no mató a Mariana porque no le alcanzó el tiempo, pero la golpeó cuanto quiso y como quiso, hasta llegar a romperle en cuatro partes un palo de escoba, de tanto golpe y tanta rabia.

Mariana lo intentó todo, como muchísimas mujeres víctimas de violencia intrafamiliar. Le aceptó los primeros regaños y golpes; le dio cuatro hijos; lo atendió siempre y hasta le perdonó indiscreciones.

A ella le daba miedo todo, como quedarse sola con los niños, pero también los golpes, los insultos y las humillaciones que recibió por tanto y tanto tiempo.

Mariana aceptó casarse con Octavio el 10 de noviembre del 2006; todavía no terminaba ese año, cuando recibió los primeros golpes. Ni siquiera el evidente embarazo de la mujer originaria de Zacapu lo detuvieron.

Cuando nació su primera hija Octavio se tranquilizó y Mariana lo perdonó. Hasta se llevaban mejor y ella se volvió a embarazar otras tres veces.

Las cosas cambiaron drásticamente con la pandemia.

En el 2019 regresaron las agresiones físicas y verbales; los golpes eran ahora más frecuentes y más fuertes. El hombre de la casa mostró el cobre.

Al principio, Octavio se conformaba con golpes contusos con manos y patadas, pero luego usaba lo que tenía a la mano o lo que sabía que la iba a lastimar más, el pretexto era lo de menos.

Así ocurrió en agosto de 2022, cuando los niños jugaban a eso de las ocho de la noche e hicieron “mucho ruido” mientras el “pobre” de Octavio descansaba.

Foto: Archivo.

El hombre salió iracundo de la recámara y le reclamó a su esposa el que no disciplinara a los niños; la golpeó en el rostro, la sacudió con fuerza y la azotó en todo el cuerpo con uno de sus cinturones. Pá que aprenda.

Un par de meses después, a principios de octubre, discutieron en la recámara. La insultó, la humilló y le pateó las costillas hasta fracturarle las del lado derecho.

El mes pasado, en enero, Octavio repitió la dosis. Se enojó, indignado porque Mariana no le quiso recibir dinero para comenzar el divorcio. Entonces tomó la escoba; los golpes eran brutales, el palo se rompió en cuatro partes, pero él no se detuvo.

En el hospital las lesiones hablaron por sí solas de los 17 años de golpes y humillaciones y Octavio no pudo escapar. Ya fue detenido por la Fiscalía de Zamora, señalado por el delito tipificado como de lesiones en razón de parentesco o relación, cometido en contra de la mujer a la que juró, sobre la cruz, amar y proteger por siempre.


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