Emocionarte

Los cánones actuales de belleza suelen definirse como el conjunto de características del aspecto de una persona y se enfocan en que la sociedad los percibe y valora como bellos y atractivos.

En los últimos años la influencia sociocultural asociada a la belleza está experimentando cada vez un mayor impacto, la moda y los estándares han pasado desde los cuerpos regordetes hasta un punto de delgadez que pareciera casi mortífero, lo anterior promovido al principio por las revistas y la televisión, lo cual posteriormente con las redes sociales ha tenido una distorsión mucho más insana, provocando en la juventud emociones de frustración, tristeza, además de una baja autoestima y un exceso de autoexigencia a la apariencia física.

Ahora bien, las personas a lo largo de la vida desarrollan una representación mental del cuerpo, lo que implica una serie de percepciones, pensamientos y sentimientos, que llevan a una experiencia totalmente personalizada y subjetiva, la cual puede no ser congruente con la realidad objetiva y se determina socialmente, conformándose de manera paralela al desarrollo evolutivo y cultural.

Continuando con lo anterior, el ser humano realiza la construcción de una imagen corporal negativa o la insatisfacción corporal, lo cual es el producto de una serie de experiencias personales negativas en torno al cuerpo.

Hay muchas discrepancias en cuanto a lo que constituye un cuerpo delgado o curvilíneo, en el que se exigen también esquemas convencionales que sólo representan el tipo de cuerpo de talla grande aceptable: “Puedes tener un trasero grande y muslos grandes, pero tu estómago y tu rostro deben ser delgados.

Asimismo, en la discrepancia de las imágenes corporales promovidas en la actualidad, no son vistas de manera consciente, toda vez que el refuerzo de ideas estandarizadas sobre el concepto de belleza también se utilizan para promover productos o servicios que comercializa la industria de la belleza, lo cual genera que las mismas empresas encargadas de la mercadotecnia, no modifique la cosificación ni la belleza.

En consecuencia, al internalizar los ideales de belleza reforzados constantemente por la sociedad, junto con otros factores que aumentan la vulnerabilidad personal aparece un nuevo concepto llamado “body shaming”, el cual aunque no es un término aceptado por la Real Academia, comienza como muchos otros a ser parte del lenguaje hispanohablante. El body shaming, es traducido a cuerpo vergonzoso; sin embargo, este término es generado por la crítica de la sociedad y es un factor influyente en el desarrollo de la imagen corporal.

Para Marian Blanco Ruiz, el body shaming forma parte de la “violencia simbólica”: “Estamos socializadas para recibir la gratificación por parte de terceras personas y de nuestro entorno y si nuestro entorno sólo nos felicita cuando nos acercamos al canon, vivimos en sintonía social para alcanzarlo”.

En ocasiones la violencia generada y la humillación, pueden incluso transformarse en formas de discriminación que pueden variar significativamente según el grupo de edad, la complexión, color de cabello, cualquier cosa vista en su apariencia.

Avergonzarse por el propio cuerpo porque otros te hacen sentir mal al respecto, puede llegar a ser una fantasía inalcanzable; incluso si eres perfecta(o). Siempre que haya alguien dispuesto a criticar sufrirás las consecuencias del body shaming y una vez que lo has detectado, toca neutralizarlo y para ello es importante cultivar la autoestima.

El cuerpo es nuestro instrumento, nos ayuda a caminar, a bailar, a saltar, a ir al trabajo, a abrazar a las personas que queremos. Si se ve de este modo, la autoestima no se basará únicamente en la apariencia; sin embargo, si no te es fácil poder realizarlo, lo conveniente es buscar ayuda.

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