Morelia, Michoacán

El del sábado en la Plaza de Toros “La Monumental”, fue, sin dudas un concierto memorable, un mano a mano imperdible en el que Ana Bárbara y Edith Márquez demostraron con creces por qué figuran en la lista de las vocalistas mejor rankeadas de nuestro país.

La Reina de la Música Grupera, arrancó primero, con media hora de retraso, a las 9:30 en punto, y enseguida se adueñó del público con un registro poderoso y bien timbrado, melodioso, incluso en sus temas rítmicos, que demuestra, tras algunos retiros, el buen momento que está pasando.

Primero con su banda y luego con unos mariachis todopoderosos nos regaló temas como “La trampa”, “Lo busqué”, “Loca” y, ya al final, su famoso “Bandido”. Su repertorio, estaba, en realidad, sobrado: música regional, grupera, pop y  balada.

Hizo numerosos cambios de vestidos y deslumbró con un traje de charra que provocó suspiros, aunque, tal vez, lo mejor de la noche fueron sus dúos con Cristian Castro y Paquita la del Barrio gracias a la magia del video clip.

Su cuerpo de baile, con solo cuatro miembros, pareció insuficiente para la bondad de todo el montaje, pero las coreografías excelentes y la manera sensual de moverse de la potosina superaron la carencia. Faltaron miembros, pero sobró talento.  

Y los fans que repletaron La Monumental, encantados, bailaron con ella casi todos los números moviditos durante las casi 2 horas que duró el show y se olvidaron de las incomodidades de una instalación que ya está pidiendo a gritos que la dejan en paz.

Por otro lado, el espectáculo de Edith Márquez, algo retrasado, hizo firme, con evidencias, lo que ya sabíamos: se trata, probablemente, de la mejor baladista mexicana de estos tiempos, con unos registros espléndidos que se mueven a gusto en la escala musical para incursionar en temas duros, que ella hace muy atractivos para el público gracias a su rica coloratura.

Así, disfrutamos, en un inicio, de temas melosos que nos tienen bien amarados como con “Mi error, mi fantasía”, “Que ironía”, “Por qué me habrás besado” y “El primero, el único, el último”, junto a números más rítmicos que la de Puebla bailó con una habilidad que no le conocíamos.

También hizo numerosos cambios de trajes y encendió su presentación con un vestido típico mexicano que usó para recibir al pelotón de mariachis, que, por un rato largo, sustituyó a su banda.

Su cuerpo de coristas, igualmente con cuatro miembros, hizo también las funciones de cuerpo de baile y esta inusual duplicidad no siempre estuvo a la altura de su soberano repertorio de baladas, pop y gruperas.

Hubo un momento sublime en el que la intérprete recreó temas popularizados por Rocío Dúrcal y por el grupo Timbiriche que llenaron a La Monumental de aires ochocenteros. Unos cantaron con ella y otros lloraron un poquito, aunque, en general, este momento retro pareció, tal vez, demasiado largo.

El concierto tuvo como telonero a Sebastian, hijo de Edith, un chico que canta de manera espléndida y se ganó a la multitud (en particular, a las muchachas), pero, según los críticos, su regreso más tarde al escenario sobro, porque no hubo nada nuevo.

Durante todo este desfile de sentimientos Edith Márquez no dejó un solo minuto de recibir flores y mimos del público. No siempre se ven estas muestras de cariño tan desbordadas y espontáneas.

Las divas se van de Morelia con la tarea hecha: cantaron, gustaron y encantado. Ya estuvieron en Morelia hace unos pocos años, ojalá regresen pronto.

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