FOTOS: ACG y RIKI Morelia, Michoacán

Al principio, a muchos les pareció una locura traer a la Guelaguetza de Oaxaca al pequeño municipio de Lagunillas, en Michoacán; sin embargo, de los imposibles se ha nutrido la historia de la humanidad.

Anoche, 1 de octubre, arrancó el colosal espectáculo en la plaza de toros Cristo Rey de la localidad con la presencia de cerca de 7 mil personas. Y la jornada fue inolvidable por muchas razones.

En la mañana se produjo la inauguración del esperado evento en la plaza principal de Lagunillas con la presencia de las protagonistas de todo aquello: unas 40 cocineras tradicionales que armaron sus puntos de venta y le gritaron al gentío la nobleza de sus productos: tamales de diferentes tipos, tlayudas, chapulines, pozoles, dulces deliciosos y hasta un chocolate con agua bien espumoso.

Por la parte de Oaxaca se hicieron presentes el coordinador de Cultura Comunitaria, Ferzo González y Adriana Aguilar, secretaria de Turismo.

Aunque, los reflectores se los llevó el alma y organizador del festival, Octavio Chávez Aguirre, Tavito, el presidente del gobierno municipal, y su esposa Alejandra Vela García, quien fue acompañada por Estrella Domínguez, la reina de las Fiestas Patria.

Allí hubo música, baile, fiesta y mucha alegría de un pueblo chico, que, ahora, y tal vez por primera vez, se sintió grande. Los aportes culturales de las comunidades también fueron notables: el grupo folclórico Raíces de Lagunillas y la compañía folclórica Tradición de Apatzingan.

Luego, al filo de las 6 de la tarde arrancó la Guelaguetza de Oaxaca en la Cristo Rey con 470 artistas participantes, a pesar del tremendo aguacero que cayó.

Al principio, no había ni un guion establecido, pero ello no le importó a nadie.

Poco a poco, se fueron tejiendo los hilos de la presentación y los artistas empezaron a salir y entrar de la escena para regalarles al público verdaderos tesoros visuales: audaces coreografías, trajes típicos llamativos, música de regiones remotas y olvidadas, belleza juvenil, riesgo, atrevimiento, descaro.

La primera artista en salir a escena fue Nilser, intérprete de la música regional oaxaqueña y mexicana, quien en unión de los Tonales, nos regaló temas memorables como “La Martiniana”, con los cuales se ha paseado por varios países del mundo.

Aunque, este fue solo el preámbulo de un show danzario de grandes valores nacionales y universales.

Los Kúrpites bonitos de San Juan Nuevo ocuparon la escena y, enseguida, los espectadores empezaron a disfrutar que unos trajes extraordinarios que gobernaban la noche junto a la Orquesta Tradicional La Grande de Tingambato.

Luego, la pista se llenó de luces y colores con las Chinas Oaxaqueñas, al ritmo de “Jarabe del valle”, y con bailarinas que exhibían enormes cestos en sus cabezas repletos de flores, frutas, estrellas y corazones, un espectáculo con aires de carnaval diferentes al que ofrecieron a continuación las danzantes de Huahutla de Jiménez, místico, intimista, reflexivo y envolvente.

La novedad de la noche la puso el grupo folclórico Guenda Saastinú Raíces Culturales, del Istmo de Tehuantepec, de Oaxaca, un proyecto que logra con sus sones, polkas y valses darle vida al baile de pareja, al amor, con temas bien calientes como “Son de la tortuga” y “La llorona”.

A la Guelaguetza de Oaxaca de Lagunillas le falta, para lograr la total excelencia, poner un límite de tiempo a los grupos de escena y combinar la danza con una mayor presencia de la música típica, porque tantos grupos y bailarines, sin un alto, llegan a saturar.

De todas formas, a la gloria no se le quita un pelo, la idea aventurera que tuvo el alcalde Tavito de traerse la Guelaguetza a Lagunillas, luego de presenciar en Oaxaca el baile “Flor de Piña”, sienta una importante premisa.  

“Es la primera vez que estos grupos de danza vienen a Michoacán, todas las presentaciones serán gratuitas. A las ideas hay que meterles el cuerpo, los recursos llegarán después”, nos comenta, finalmente, el edil.

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