Morelia, Michoacán

Frente a la ola preponderantemente guinda, Alfredo Ramírez Bedolla confesaba su intolerancia a la lactosa, tanto como la falta de enzimas para digerir, sin devolver, otro “alimento” que tampoco pasa: la corrupción.

“¡Al carajo la corrupción! ¡Fuera la corrupción!”, metrallaba en el discurso que disparó desde la plaza Valladolid, pletórico de simpatizantes de Morena.

Era el mensaje político en desarrollo del exdiputado, para rematar el que minutos antes había leído ante el Congreso del Estado, más sobrio, más solemne, con motivo de su primer informe. El primero de seis.

Foto: ACG.

Sin estar, López Obrador estuvo ahí.

La imagen del presidente inundaba el perímetro, convertida en tazas, en playeras, en pulseras, en muñecos, en banderas, en gorras y en todo souvenir que hacían respirar, de pronto, un ambiente más a cierre de campaña que de informe gubernamental.

El ‘me canso ganso’ se hacía presente en la explanada donde emergen, poderosos, el templo de San Francisco y el Antiguo Colegio de San Buenaventura, construido entre 1536 y 1610 –hoy Casa de las Artesanías– como parte de uno de los procesos de transformación de la antigua Valladolid.

Foto: Adán García

Pero en el templete Bedolla remarcaba sobre la transformación que hoy, desde otro poder, él enarbola: el de la 4T con sus 22 gubernaturas, la Presidencia y cientos de legisladores federales.

“Soy intolerante a dos cosas: intolerante a la lactosa e intolerante a la corrupción”, advertía, y su voz resonaba en aquel escenario que emulaba al de importantes artistas, con media decena de pantallas gigantes y potentes bocinas que habría envidiado el Festival de Origen.

El excandidato a edil, hoy investido gobernador con solo un mes de campaña, enumeraba entre sus logros del primer año el acumular 365 días sin bloqueos a las vías férreas, haber erradicado la venta de plazas en el magisterio y quitado al crimen el control de 89 kilómetros de carreteras donde prevalecían barricadas.

Foto: Adán García.

Minutos antes, ante el Congreso, había arremetido contra la administración perredista saliente, a la que acusó de haber saqueado al gobierno.

“No exagero cuando afirmo que se abusó de la nobleza de este pueblo (…) No había nada, solo saqueo”, había lanzado desde el recinto parlamentario, donde estaban varios silvanistas, como las actuales diputadas Rocío Beamonte y Guadalupe Díaz Chagolla, y su líder parlamentario Víctor Manríquez.

Pero también había ex silvanistas hoy incrustados en la 4T: Giulianna Bugarini, ex líder estatal de Morena; Juan Carlos Barragán, diputado de Morena y el propio secretario de Gobierno, Carlos Torres Piña.

Foto: ACG.

Pero eso a Bedolla no lo iba a contener o inhibir.

“Como dice nuestro presidente, no somos iguales”, atizaba, “hoy los helicópteros ya no se usan como taxis aéreos para altos funcionarios. Se usan para trasladar a pacientes y atender situaciones de desastre”.

No hubo gobernadores de otros estados arropándolo, pero sí ex mandatarios michoacanos. Llegaron cinco: Fausto Vallejo, Jesús Reyna, Leonel Godoy, Víctor Tinoco Rubí y Genovevo Figueroa, uno sentado junto a otro.

Reyna y Vallejo –rotos en el virreinato de Alfredo Castillo-, respiraban al no quedar en asientos seguidos. Tinoco y una elegante columna de madera los separaba.

Foto: ACG.

Otro ex mandatario merodeaba cerca. Físicamente cerca, pero políticamente ya lejos. Era Cuauhtémoc Cárdenas, quien sigue en la promoción de su libro por el rescate de la Nación, esa Nación que hoy le reprocha a Obrador el rumbo tomado.

Y bajo esa mística, la del obradorismo, a Michoacán ‘se le ha dado por completo la vuelta’, celebraba el líder nacional de Morena, Mario Delgado, al cobijar y abrir el mitin vespertino con el fuerte sonido de las batucadas de fondo.

Para él no hay duda: Bedolla es de los alumnos más aventajados de quien despacha en Palacio Nacional.

“(Bedolla) sigue la mística, sigue el ejemplo de vida de uno de los mejores presidentes en la historia moderna de México, que es el presidente Andrés Manuel López Obrador, así que el Andrés Manuel López Obrador de Michoacán se llama Alfredo Ramírez Bedolla”, decretaba Delgado.

Y, cual mitin, el júbilo y la algarabía se desbordaban de nuevo.

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