Foto: Adán García

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La dolorosa tragedia de las desapariciones en México cala, todavía más hondo, más profundo, cuando las víctimas son mujeres. Y es brutalmente devastadora si se trata de niños, cuyas madres deben buscar hasta en fosas clandestinas, esas donde, picar tierra y extraer la varilla para percibir el olor a cuerpos putrefactos, es una práctica cada vez más común en nuestro país.

Y es que ni los menores escapan a este doloroso drama: al menos 3 mil 755 niños y niñas de entre 0 y 9 años de edad, forman parte de esta negra estadística, de acuerdo con el Registro Nacional de Personas Desaparecidas y no Localizadas, con corte hasta el 24 de agosto de este año.

El conteo, iniciado en 1994, desnuda la realidad que enfrentamos los mexicanos ante este fenómeno criminal que no respeta estrato social, sexo, edad ni religión. Mucho menos se detiene por colores, ideologías o marcas políticas.

Por el contrario, en medio de la creciente polarización de partidos, la delincuencia se empodera y desafía cada vez con más fuerza mediante todo tipo de ataques que tienen, como rostro, los asesinatos, las ejecuciones públicas, las decapitaciones, los atentados, violaciones, feminicidios, tiroteos y la desaparición forzada.

Según los registros oficiales, el 74 por ciento de las víctimas de desaparición son hombres y el 24.8% mujeres. En cuanto a rango de edad, los jóvenes son el blanco más fácil, el más frágil: de 104 mil 783 víctimas, 27 mil 778 corresponden al grupo de 20 a 29 años, seguido del grupo de 30 a 39, con 22 mil 578 casos, y del grupo de 10 a 19 con 18 mil 611 víctimas.

Es decir, esos tres sectores concentran más del 60% de los casos de desaparición en México. En otras palabras, este delito está resquebrajando principalmente a nuestra población de entre 10 y 39 años.

Otro dato revelador es que, entre las personas desaparecidas en territorio nacional, 2 mil 304 son de origen extranjero. La lista la encabezan 502 estadounidenses que se internaron en México y ya no se supo más de ellos. Al menos no hasta la fecha.

Los demás extranjeros desaparecidos tienen su origen en Honduras (480 casos), Guatemala (410), El Salvador (187) –por cierto, junto con México, potenciales naciones expulsoras de migrantes que tratan de llegar a Estados Unidos-, y Colombia (176).

Cada uno de esos fríos números encierra una historia dramática y dolorosa en extremo, por la ausencia de un ser querido. Una historia que destruye familias, que devora vidas y que no encuentra respuesta ante el grito desesperado de quienes siguen buscando, sin descanso ni recursos, y muchas veces sin la empatía de los gobiernos, los cuerpos de esos seres queridos, o bien, el milagro de una prueba de vida.

Cintillo

Como la pandemia que ha matado a más de 330 mil mexicanos, la serie “El caso Cassez–Vallarta: una novela criminal” vino como anillo al dedo al presidente. Embona perfecto con la captura de Murillo Káram, con el debate sobre la presunción de inocencia y con la embestida contra Loret de Mola, quizá su enemigo público número uno.

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