Diálogo, gobernanza y exigencia: contrapoderes

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Gambito Social

Nuevas y mejores formas de ejercer la autoridad son necesarias en Michoacán. No es un secreto que, la sumatoria acumulada durante décadas de malas decisiones, tomadas desde el poder, han generado las consecuencias multifactoriales que hoy padecemos los ciudadanos.

Para revertir la situación, retomar el sentido del desarrollo y reconstruirnos sistémicamente es imprescindible contar con el efecto multiplicador de la participación ciudadana. Para ello, es preciso superar los viejos modelos: autoritarios, verticalistas, patriarcales, instrumentales, expoliadores y abusivos.

Pasar del enfoque rancio de gobernabilidad, la cual vislumbra a los cargos públicos en función de la capacidad de ejercer sus atribuciones, en visión autorreferida, hacia un enfoque de gobernanza, que implica un ejercicio compartido de la autoridad, requiere un proceso de transición, el cual no se está viviendo planificadamente en nuestra entidad federativa, sino con base en la dinámica generada entre gobernantes y gobernados, por lo cual vemos destellos de la más añeja forma de gobernar con mucha mayor frecuencia de la que esperaríamos, a pesar de estar en 2022.

Al periodo reseñado en la literatura respectiva, le denominan transición hacia la gobernabilidad democrática, que se supone ya ocurrió hace casi tres décadas, pero en la práctica dista mucho de haber acontecido efectivamente.

En el Plan de Desarrollo Integral del Estado de Michoacán 2021-2027 aparece citada la palabra gobernanza, nunca relacionada con un proceso transversal, sino solamente como un enfoque ideal específico para cuestiones territoriales e hídricas, lo cual en absoluto tiene que ver con una transformación del estilo de gobernar, sino más como una solución tópica en temas en los cuales el gobierno está francamente rebasado, donde es incapaz de sostener las riendas del autoritarismo. La palabra gobernabilidad también es mencionada, en el diagnóstico referido a cómo se recibió la administración pública estatal y cuando se habla de acciones a realizarse, se matiza con la denominada gobernabilidad democrática, que describe la transición en la cual todos ganan al respecto.

Recientemente, la Ley Orgánica de los Municipios de Michoacán acaba de ser nulificada en varios de sus artículos por parte de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, por la falta de consulta participativa, precisamente. Justo fue un acto de autoridad carente del enfoque de gobernanza.

Para salir de esta etapa es importante que la ciudadanía levante la voz. Que se exijan mejores perfiles al frente de las responsabilidades públicas, así como pedir a la autoridad, además de cumplir y hacer cumplir la ley, que sustente lo discursado, prometido o planificado, considerando incluir, a los esquemas de transparencia, fiscalización y rendición de cuentas, el control de gestión, que implica congruencia entre lo que se mandata normativamente, lo contenido en los instrumentos de planeación para el desarrollo, lo presupuestado, las acciones realizadas y, finalmente, los resultados obtenidos, demandar el castigo y erradicación de la corrupción, entre muchas otras causas.

Lamentablemente, la oposición política parece ser inexistente en ciertos temas. Aparece mágicamente cuando hay intereses confrontados, para luego esfumarse en situaciones en las cuales hay consenso. La postura crítica cambia a una validadora con inmensa facilidad.

Es un hecho, los derechos se conquistan ejerciéndolos. No es un llamado a la protesta y a la movilización, a la realización de medidas de presión que afecten el orden público, sino a exigir al unísono un mejor gobierno.

Justamente, atravesamos tiempos de informes de gobierno, tanto a escala municipal como estatal. Las obligaciones en la materia para los gobernantes son prácticamente ridículas. Nos informan lo que quieren y en el formato que más les favorece, fotografías incluidas. Es el tiempo de exigir más.

El vector que transita desde la dictadura hasta la democracia posee matices infinitos. El asunto es que, en vivirlos uno a uno, el tiempo es el recurso que expira y no vuelve jamás. Por lo que, al cruzar el Río Bravo, o incluso, el Lago de Cuitzeo, la sensación de estar en una civilización décadas más avanzada es tan fuerte. Merecemos construir una mejor sociedad.

Sus comentarios son bienvenidos en eaviles@mexicanosprimero.org y en Twitter en @Erik_Aviles
Doctor en ciencias del desarrollo regional y director fundador de Mexicanos Primero, capítulo Michoacán, A.C.

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