Morelia, Michoacán

Mientras una fuerte tromba hacía estragos en Morelia, en una pequeña sala al sur de la ciudad otro diluvio caía sobre dirigentes partidistas, enfrascados en un debate: el de la reforma electoral.

“Esta reforma es una verdadera vacilada, no va a pasar”, lanzaba Guillermo Valencia, del PRI, cuando apenas los moderadores estaban abriendo el panel.

“La postura de los partidos oficialistas es muy fácil. Para ellos todo lo que dice el presidente (Andrés Manuel López Obrador) es ley”, secundaba Éder López, del Partido Encuentro Solidario (PES), el mismo del que desertó Hipólito Mora a pesar de que le dispararon la candidatura al gobierno estatal en 2021.

En la sala estaban también Octavio Ocampo, del PRD, y Giulianna Bugarini, la dirigente de Morena que reconoce el Instituto Electoral de Michoacán.

“(La de AMLO) es una iniciativa autoritaria que violenta la democracia”, acusaba el perredista, quien muy temprano echó mano de aquel pasaje histórico de 1988, cuando el Movimiento Democrático Nacional candidateó al expriista Cuauhtémoc Cárdenas para pelearle a Salinas la presidencia.

“No regresemos a ese pasado donde (Manuel) Bartlet (actual funcionario de la 4T) hizo caer el sistema cuando el ingeniero Cuauhtémoc Cárdenas ganó la presidencia”, incitaba el exalcalde de Tuzantla y exdiputado.

El PAN y Movimiento Ciudadano declinaron participar. Quizá presagiaron la lluvia de acusaciones.

Afuera, la tromba se dejaba sentir cuando en aquella sala de la Universidad Ágora Hispanoamericana tocaba –por estricto sorteo- el turno a Bugarini.

“Esta reforma no solo es necesaria, sino que es un referente histórico. Nos interesa que la democracia sea una realidad”, abría la morenista su exposición.

Valencia la increpaba y alertaba que, en los términos de la reforma obradorista, “se estaría abriendo la puerta al crimen organizado” al permitir el financiamiento privado en las campañas.

Desde su trinchera, Ocampo reforzaba el argumento: “(con esta reforma) lo que vamos a tener son diputados de tómbola, que es lo que Morena quiere porque votan todo lo que el presidente les pide”.

Bugarini reviraba: “lo que busca esta reforma es que haya una representación más pura, no que haya diputados designados desde el escritorio. No se trata de tómbolas, sino de regresarle el poder el pueblo”.

En su defensa, la joven morenista recordaba a los opositores que su partido está pintando de guinda al país; 20 de las 32 gubernaturas están ya bajo su control. Y de paso, encaraba diciendo que su partido no necesita de prerrogativas para subsistir.

El dirigente del PRD buscaba librar ese vendaval. Gráfica en mano –como paraguas bajo la lluvia-, exhibía cómo Morena es hoy en día el partido más sancionado en México, con multas de más de 40 millones de pesos por violar la ley electoral.

“El viejo PRI está en la cárcel”

Para entonces, aquello era ya una revolución verbal que llevó a Valencia a recurrir a una de las obras más criticadas de este sexenio: la del Aeropuerto Internacional Felipe Ángeles y sus escasos, muy escasos vuelos:

“Escucho con atención a Giulianna cuando dice que en Morena no ocupan las prerrogativas, ¡pues no!, porque tienen todo el dinero del gobierno y lo están usando para sus objetivos políticos (…)

“El problema es que hoy tenemos un aeropuerto sin aviones; tenemos una refinería sin petróleo y ahora quieren que tengamos una reforma electoral sin democracia”, enumeraba el exedil de Tepalcatepec, exdiputado y fundador de Revolución Social.

Era la recta final del debate que moderaron Omega Vázquez y Jesús Marcha.

“Con obras como ésa estamos reconstruyendo un país que por décadas se quedó en el olvido, un país donde asesinaban mujeres, donde prevalecía la frivolidad. En cuatro años se está haciendo lo que no se hizo en 70 años”, replicaba Bugarini.

Y cerraban intercambiando estos granizos:

“Quien reconstruyó al país fue el PRI, y lo hizo construyendo instituciones que hoy Morena quiere destruir. Volteen a ver al PRI, al nuevo PRI, porque los viejos priistas están en Morena promoviendo ideas retrógradas”, arrojaba Valencia.

“El PRI de antes no está, porque está en la cárcel, y el PRI de ahora seguramente va a Almoloya”, lo bateaba ella.

Ya nadie pudo ponerse impermeable ante esos últimos lances.

Habían consumido sus minutos y debían emprender la retirada. Una retirada donde, no lo sabían, pero afuera la tormenta había ya desfigurado el paisaje de Morelia con inundaciones reales.

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