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Historias del Tercer Mundo

Foto: Wendy Rufino

La lógica dicta que si se incluyera a las mujeres en el mercado laboral, el desarrollo económico de una región sería mayor, ya que estamos hablando de volver productiva a cerca de la mitad de la población; sin embargo, las cifras no siempre coinciden con esto ¿Por qué?

En primer lugar, parte de los exponentes de la economía feminista aseguran que al generar igualdad laboral no se está privilegiando a nadie, sino que se está reforzando un sistema capitalista de explotación de trabajadores. Es decir, ¿por qué incorporarlas a algo que ya de entrada está mal?

Otros especialistas, como Alison Vásconez (2017)* concluyen a partir de análisis de datos a través del tiempo que en los períodos de crisis económicas o recesión es cuando suele incrementarse la contratación de mujeres ¿Por qué? Porque significa mano de obra barata, y al pagarles menos, la media salarial en general disminuye.

Es decir, la brecha salarial sí existe y está demostrado científiccamente, también con datos duros, como el Índice Global de Brecha de Género del 2022, elaborado por el Foro Económico Mundial (WEF, por sus siglas en inglés), que indica que en nuestro país por cada 100 pesos que gana un hombre, una mujer obtiene 86.

De ese salario mermado, las mujeres que son jefas de familia tienen que hacerse cargo de la manutención de sus hijos, ya que el 67 por ciento de los padres no cumplen con la pensión que les corresponde pagar, según el INEGI.

Ahora bien, decíamos si se comparan los indicadores de feminización del mercado laboral con los de desarrollo económico, no siempre se observa correlación, especialmente en los países en desarrollo. Esto quiere decir, que aunque haya más mujeres en el sector productivo y esto constituye mano de obra barata, el país no parece obtener más ingresos ¿cómo explicar esto?

Las mujeres, además de producir recursos con su trabajo, permiten ahorros con su labora no remunerada. Por cuestiones culturales, en países en desarrollo sobre todo, suele recaer en ellas el trabajo doméstico y de cuidado de niños, adultos mayores y enfermos. De no hacerlo así, las familias tendrían que pagarle a un empleado para que lo hiciera.

Esto quiere decir que el trabajo no remunerado, y rara vez reconocido, de las mujeres en el hogar permite ahorros a sus familias y por lo tanto, al país.

Cuando las mujeres trabajan, el cuidado y el trabajo del hogar recaen en empleados a los que sí se les paga y en términos absolutos, el costo de estos servicios puede ser mayor a las ganancias de las actividades productivas de las mujeres.

¿Qué hace el gobierno?

Hasta ahora en México o en Michoacán no hay políticas públicas encaminadas hacia la inclusión de mujeres en el mercado laboral ni se generan condiciones para que, por ejemplo, los horarios o el trabajo desde casa permitan que trabajen y atiendan labores domésticas al mismo tiempo.

Hay guarderías públicas para evitar el costo que implicaría a las familias pagar por el cuidado de sus hijos; sin embargo, se han ido acotando estos servicios, desapareciendo las escuelas de tiempo completo y reduciendo el número de guarderías.

La apuesta del gobierno es otorgar pequeños créditos para “empoderar” a las mujeres y que sean sus propias jefas, pero éstos no van acompañados de capacitación en administración o de generación de cadenas productivas, por lo que nada garantiza que estas mujeres emprendedoras vayan a obtener ingresos, se les deja desamparadas ante las fuerzas del libre mercado.

El problema es más grande

En conclusión, el problema de la desigualdad de género va mucho más allá de emplear mujeres o prestarles dinero. Hay muchos elementos que deben tomarse en cuenta y atenderse mediante políticas públicas integrales que además de combatir la inequidad, a la larga permitirán un mayor desarrollo.

Para esto, habría que dejar atrás la simulación, desprenderse del miedo al costo político y asignar un presupuesto suficiente y además, atender realmente la violencia de género, pues la omisión representa un gasto mucho mayor que buscar evitar que sucedan los delitos.

Cada vez se destinan menos recursos a los albergues para víctimas de violencia de género pero se derrocha en campañas absurdas, hay miles de agresores que permanecen impunes, libres, no hay becas de manutención para huérfanos de feminicidio, la asistencia legal es insuficiente, y un largo etcétera.

*Vásconez, A. (2017). Crecimiento económico y desigualdad de género: análisis de panel para cinco países de América Latina. Revista de la CEPAL N° 122 • Agosto de 2017. pp. 85-113.

La autora es doctorante en Desarrollo Regional, maestra en Políticas Públicas

y licenciada en Lengua y Literaturas Hispánicas por la UMSNH.

Ha publicado cuento y poesía y se ha desempeñado como periodista.

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