Foto: Adán García

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Foto: Adán García

Los alcoholímetros tendrían que ser una medida innecesaria en Morelia o en cualquier parte del mundo. Pero, entonces, es cuando vale la pena beber de la estadística.

Y, en ese sorbo de datos, el INEGI nos dice que en el 2020 se reportaron en México 301 mil 678 accidentes, de los cuales, el 81.3 por ciento dejó como saldo solo daños materiales, pero el 17.6 por ciento registró personas heridas y, en el restante 1.1 por ciento (3 mil 427), hubo al menos una persona fallecida.

Otro trago numérico: el total de víctimas heridas y fallecidas, según ese reporte, fue de 75 mil 761. Y de esas, 3 mil 786 murieron en el lugar y 71 mil 935 resultaron con alguna lesión.

Uno más, al fin que ya estamos entrados: las entidades con mayor número de fallecidos en el lugar del accidente por cada 100 mil habitantes, son Sinaloa (8.8), Chihuahua (7.7), Querétaro (7.0), Sonora (6.5) y Zacatecas (5.9). Es el top cinco de ese mapa funesto.

¿Y Michoacán?, Michoacán figura como el octavo estado con más muertes instantáneas en accidentes viales, con 5.2 decesos por cada 100 mil habitantes. Estamos, pues, en el top ten.

Le doy también este shot referencial: de acuerdo con el último Informe sobre la Situación de Seguridad Vial, de la Organización Panamericana de la Salud (OPS), a nivel mundial las lesiones provocadas en accidentes de tránsito, representan la principal causa de muerte en menores de entre 5 y 14 años de edad, y la segunda en el grupo de 15 a 19 años.

En ese reporte, México ocupa el séptimo lugar a nivel mundial y el tercero en Latinoamérica en muertes por siniestros viales, entre la población de 15 a 29 años de edad.

La última y nos vamos: según la Organización Mundial de la Salud (OMS), cada año mueren en el mundo cerca de 1.3 millones de personas, derivado de accidentes de tránsito, y entre 20 y 50 millones padecen traumatismos no mortales causantes de discapacidad.

Es por eso que, para la OMS, la fijación e imposición de límites de alcoholemia a los conductores, es una de varias medidas que recomienda para tratar de reducir la incidencia de accidentes de tránsito. También lo son, por ejemplo, el diseño de carreteras más seguras, el mejoramiento de las características de seguridad de los vehículos, el fomento del uso de transporte público, el uso del cinturón de seguridad y otras más.

El problema es cuando los alcoholímetros se convierten en una aduana para cometer otro exceso: el del abuso policial, el de la mordida, el del moche, el de la extorsión. Una severa resaca.

El problema es cuando los alcoholímetros, además de mostrar el nivel de alcohol en la sangre, muestran también los niveles de soberbia e influyentismo. Y, al tomar un volante, en esa prueba vamos todos.

Cintillo

En Palacio Nacional ya solamente revisan si será AMLO quien venga a Michoacán para recibir personalmente la presea Melchor Ocampo, o si será su segundo a bordo. Rechazarla no está en la agenda.

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