Historias del Tercer Mundo

Foto: Wendy Rufino

El lenguaje religioso no deja de entremezclarse con la basura discursiva de las altas esferas del poder, de tal modo que se siguen escuchando aberraciones como que “volveremos al horario de Dios” o que México es un país bendito.

Las aberraciones no se quedan en el discurso y permean todos los actos gubernamentales y del poder Legislativo; como en Michoacán, en donde se creó una comsión para “proteger a la familia”, pero en donde no cupimos todas las familias, sino solamente las aceptadas por los fanáticos religiosos (hombre-mujer-hijos) y no las que reconoce nuestra propia Constitución.

López Obrador dice que no tiene cargos de conciencia por saludar a la madre de uno de los mayores criminales y asesinos de la historia de nuestro país, pero no se atreve a dar la cara a las madres de los más de cien mil desaparecidos por células criminales, como la que liderara el Chapo.

El Gobierno de México no cree en el laicismo y así lo ha remarcado desde el nombre de su partido, su burla hacia las estampitas religiosas durante el covid y su cruzada por la moralidad y la “transformación de las conciencias”.

No cabe duda de que vivimos en un país bendito, casi casi tierra sagrada. El bendito país donde las madres recogen fragmentos de sus hijos cavando incesamente con sus propias manos.

En donde los grupos criminales llevan nombres de órdenes religiosas, del bendito tiempo de las cruzadas.

El país de las fosas comunes bendecidas por Dios, donde descansan en paz, en pedazos, más de 100 mil personas que han desaparecido por obra y gracia del Espíritu Santo.

Tal vez menos, porque otros están siendo esclavizados, prostituidos, torturados o yacen en pedazos en una fosa remota.

Foto: ACG

Que sólo las madres sean quienes buscan ya se ha convertido en algo “normal” para la buena gente de Dios que habita esta tierra y las autoridades ya dicen cosas como que “nadie busca mejor a los desaparecidos que sus propios familiares”.

Claro, porque quién más va a estar dispuesto a trabajar sin un salario, sin viáticos, en lugares peligrosos en donde probablemente sea asesinado por esos bondadosos criminales a quienes el gobierno debe proteger, quién más va a dejar su vida en pausa, no comer, no dormir y sobre todo no cobrar sino por el contrario, pagar de su propia bolsa las búsquedas y hasta las pruebas de ADN.

Quién más está dispuesto a hacerle la chamba al gobierno, además por supuesto de Dios.

La autora es doctorante en Desarrollo Regional, maestra en Políticas Públicas

y licenciada en Lengua y Literaturas Hispánicas por la UMSNH.

Ha publicado cuento y poesía y se ha desempeñado como periodista.


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