Morelia, Michoacán

José Antonio aprendió la lección y luego de violar la ley, se convirtió en un emprendedor que genera recursos para su familia y que da empleo a otros que, como él, alguna vez se equivocaron en el camino.

Las ganas de salir adelante de José Antonio encontraron eco en la Coordinación del Sistema Penitenciario de Michoacán; por primera vez, se trasciende a la readaptación y se hace realidad desde su estancia en prisión, creando microempresas que pueden generar fuentes de empleo al interior de las cárceles.

Como José Antonio, que no quiere ser una carga para sus seres queridos y, al contrario, busca coadyuvar a la economía de su familia. Ahí, desde el Penal de alta seguridad para Delitos de Alto impacto, mientras espera la sentencia de su proceso, creó su pequeña empresa, un fructífero taller de alfarería.

Hoy día, José Antonio da trabajo a 20 hombres y mujeres también recluidos, quienes ganan mil 200 pesos semanales por pintar, envolver y cargar miles de macetas en camiones que parten rumbo a la frontera, para luego ser vendidas en los Estados Unidos.

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