¡Al carajo!

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Como el presidente López Obrador con quienes se oponen a la importación de médicos cubanos, ¿cuántos lastres que nos lastiman, que nos frenan, que nos acotan, que nos denigran, que nos ofenden o que nos tienen de rehenes, no queremos los ciudadanos mandar al carajo? Seguramente a usted se le vienen a la mente muchas en este momento.

¡Al carajo!, diría yo, con los normalistas que se empeñan en fastidiarnos con sus constantes marchas, bloqueos, plantones, actos vandálicos y delitos en flagrancia, como el ataque a los monumentos históricos, la retención de vehículos de reparto y, en no pocas ocasiones, el robo de mercancías y la quema de unidades sin que pase absolutamente nada. Y encima, los premian.

¡Al carajo!, con una horda de maestros que se han enquistado en la movilización sistemática y permanente, para mantenerse en las calles y no en las aulas como un modus vivendi, lesivo, dañino, cancerígeno para nuestro sistema educativo y nuestra niñez, a la cual usan como instrumento para presionar a cuanto gobierno se ponga enfrente, sea del color que sea, ideología, partido o marca.

¡Al carajo!, con ver a Michoacán otra vez en los primeros lugares de homicidios dolosos en el ranking nacional, por encima de Guanajuato, que había sido durante varios meses el líder en asesinatos. Hasta el conteo del mes de abril, nuestro estado volvió a posicionarse en ese primer lugar.

¡Al carajo!, con estar hoy en los cinco estados con más crímenes ocurridos durante el actual sexenio –que lleva tres años con cinco meses-, periodo en el cual se han registrado más de 120 mil asesinatos, es decir, una cifra que ya superó a la cifra de homicidios ocurridos en seis años del gobierno de Felipe Calderón, con todo y su guerra contra el crimen organizado.

¡Al carajo!, con la incidencia de feminicidios que nos laceran como sociedad y retratan no solamente la incapacidad de autoridades para generar un entorno libre de violencia, sino también la descomposición que como sociedad hemos alcanzado, al escalar cada vez más peldaños en el nivel de agresiones contra nuestros semejantes.

¡Al carajo!, el ambiente hostil que se ha formado en nuestro país contra quienes ejercemos el periodismo. A través de un discurso de odio también se abona a poner en el blanco de los criminales y de otros poderes fácticos, a reporteros, comunicadores y periodistas. La cifra no miente: nueve crímenes oficialmente ya reconocidos, cometidos en los primeros meses del año contra profesionales de la información.

¡Al carajo!, con quien, desde la dirigencia nacional de un partido, en este caso el PRI, se suma a este clima bélico cuando dice –aún y que sea en una conversación privada– que a los periodistas no hay que matarlos a balazos, sino de hambre.

¡Al carajo!, con seguir viendo cómo se humilla a las fuerzas armadas cuando se les ordena no repeler, no atacar, no defenderse, mientras presuntos halcones o gatilleros de la delincuencia organizada, los corretean, los someten, los desarman y hasta los agreden, y no haya ninguna represalia en su contra.

¡Al carajo!, con seguir escuchando que los criminales que matan, secuestran, mutilan, decapitan, desaparecen personas, lanzan granadas contra la población civil, aíslan a pueblos, provocan el desplazamiento forzado de familias enteras y siembran terror en la población, son seres humanos y merecen el respeto de la autoridad.

Y usted, ¿qué otros problemas quiere mandar al carajo?

Cintillo

No sé si aún siga pasando por su mente, pero hubo un momento en que Rosa Icela Rodríguez –la estratega en materia de seguridad de López Obrador- pensó en sugerir un ajuste de mandos en la Secretaría de Seguridad Pública de Michoacán. Al menos, lo cabildeó.

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