Foto: ACG

Morelia, Michoacán

Fuera esa energía oscura, que venga la luz, que venga la vida, a golpe de música, de mole, de baile y de mezcal, llamó la cantante Lila Downs a la audiencia del Festival Michoacán de Origen (FMO).

Acompañada por el Ballet Folklórico de Michoacán, percusiones, acordeón y flores, la oaxaqueña salió a escena, ante un área de espectáculos del Centro de Convenciones y Exposiciones de Morelia (Ceconexpo) que estuvo presta para escucharla.

Hombres y mujeres, parejas y solteros, amigos y amantes, ni dudaron en levantarse de sus asientos y bailar La Cumbia del Mole, Naila o Sanmarqueña. Tampoco les tembló el pulso para entonar, bajo la guía de Lila Downs, Cucurrucucú Paloma, La Tortolita o Los Caminos de la Vida.

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Gritos emocionados, aplausos y decenas de paseantes que se quedaron en el perímetro del Ceconexpo para contemplar el concierto.

“Y vamos a sacudirnos esa polilla de la pandemia”, dijo y las parejas se reunieron en los espacios libres de asientos para mover las caderas y las piernas al compás de las piezas de Lila Downs.

Y entre flores, arropada por un rebozo de Angahuan, arrancó al público de Morelia, de Michoacán, el cariño de quienes no dejaban de pedir “otra, otra”.

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