La Habana, Cuba
La singular historia de Reibel Aramís Bacallao Aguilar debe llamar a la reflexión a más de una persona, en particular, a aquellas que fracasan en sus proyectos por no atreverse a tocar las puertas y mover un poco el esqueleto.
Este cubano de 24 años de edad, lleno de arrojo, optimismo y fuerza, pierde ambas piernas en un desafortunado accidente hace 9 años, pero poco le importó. Hoy continúa viviendo con normalidad y hasta se sube a los cocoteros, además de hacer otras barbaridades.
Según cuenta Yahily Hernández Porto en una entrevista publicada por el periódico Juventud Rebelde, cuando Reibel tenía 15 años trata de abordar un tren con destino a Manzanillo, junto a su tío Alexander, pero se resbala y sus piernas quedan aplastadas sobre los raíles.
Entonces El Rubio, como también es conocido en el pueblo, pierde media vida, aunque con el resto hará maravillas. Es como si hubiera vuelto a nacer y, actualmente, sigue viviendo feliz con su familia en Callejón Peña, en la provincia cubana de Camaguey, donde a cada rato implanta récords de velocidad en su silla de ruedas.
“Cuando regresé a mi casa, luego de una larga estadía en el hospital pediátrico, tuve que aprender a vivir con mi limitación, porque soy algo intranquilo e imprudente. No he podido soportar las prótesis para las piernas. Me encanta jugar baloncesto y pelota con los amigos del barrio, pues sigo bateando bien… Además, y ya más formal, soy miembro de la preselección nacional de tenis de campo”.

A pesar de sus limitaciones, Reibel presume de ser un joven independiente, tanto en lo personal como en lo económico. Cobra un dinero del seguro social; sin embargo, hace cualquier cosa para mantenerse activo: lo mismo ayuda en la construcción de un techo de placa que cementa un muro o transporta arena de un lado a otro.
¿Y cuándo se te ocurrió la idea de subir a las matas de coco?, le pregunta la colega de Juventud Rebelde:
“Bueno, lo de subir y tumbar cocos surgió de un reto que me hicieron mis primos pensando que no lo lograría (RIE). La primera vez que lo hicimos, el que alcanzó la cima del cocotero fui yo y ellos tuvieron que quedarse en el suelo grabando el video. Me sujeté fuertemente con los tramos que aún conservo de mis extremidades inferiores y me fui impulsando con la fuerza de mis brazos. Hemos hecho esta escalada ya varias veces y viene mucha gente a verme. No sé si esto será una hazaña”.







