Óscar la Guardia, un trovador hijo de la rumba y las congas

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Morelia, Michoacán

Óscar la Guardia, trovador y poeta cubano recién llegado a Morelia, procedente de España, tiene vocación de caminante. No puede, o no quiere, quedarse detenido en algún lugar y se ha pasado la vida explorando las diferentes maneras de comunicarse con la gente a través de la música.

En él todo hace presentir la magia de la creación y del descubrimiento. Escribe las letras de sus canciones y en sus ratos nostálgicos hace poemas que reúne en un libro que se torna interminable.

Nace en La Habana en 1981, casi por casualidad, pero se cría en Placetas, donde vive 8 años en medio de una familia de artistas entregada por completo a la conga, la rumba y otros ritmos afrocubanos.

Por ello no sorprende que en su forma de proyectarse se observe, desde épocas tempranas, la sombra de los tambores sobre las cuerdas de la guitarra.

Por parte de su mamá todos sus primos tocan percusión en los bembés y en las congas que recorren con frecuencia la localidad y su tío es un “bailador de meta”, que es una danza folclórica desarrollada en las festividades de los orishas o dioses de la santería de origen yoruba.  

En su entorno más cercano el único que toca la guitarra es su abuelo por parte de padre, sin embargo, cuando regresa a La Habana, y se radica en la barriada de Marianao, se hace adicto a este instrumento, el cual le dará fuerza e inspiración en un camino que no será fácil.  

“Cuando era un muchacho de 15 o 16 años la trova me fue calando poco a poco, mi influencia más directa fue Silvio Rodríguez, pero más tarde vendrán otras. Aprendí a tocar solo a tocar la guitarra, tuve un profesor; sin embargo, solo fui a dos clases. Unido a esto empecé a componer y surgieron temas que, luego, reuní en el disco Nazye. Soy un autor musical de ocasiones y en la poesía soy bastante prolífero”.

El adiós a su tierra

Óscar la Guardia, inclinado, inicialmente, hacia la docencia, estudió la Licenciatura en Español y Literatura en el ISP Enrique José Varona en la Habana y en la Facultad de Humanidades en la ciudad de Villa Clara, donde en ese momento había un auge tremendo de la trova.  

Después, a los 23 o 24 años, se enamora, y se va a recorrer Asturias y Canarias, en España, donde tiene diferentes trabajos, hasta su llegada a Cataluña, donde ya había varios cubanos haciendo trova y encuentra durante una década un sitio ideal para su desarrollo artístico.

“En el 2012, el trovador José Nicolás, santiaguero, me invitó a sumarme a una peña de cantautores integrada por cubanos, argentinos, catalanes… Fue algo muy exquisito que se hizo. Teníamos como sede el Café de las Delicias, donde pude ofrecer mis primeros conciertos en solitario. Más tarde, con un creador argentino, fundé otra peña llamada Paseo a Color, que reunió a gente con diferentes estilos, No, no, yo nunca tuve que tocar en el metro como otros compañeros”.

Óscar la Guardia, ha compartido escenarios con músicos de prestigio al estilo del cubano Santiago Feliu, con quien debutó, el argentino Matías Costa y el catalán Vicente Calatayud y se ha hecho presente en festivales organizados por la Casa de las Américas, en Tenerife, Canarias, y la Fnac del Principado de Asturias, entre otros.

Casi al final de su estadía barcelonesa integra el dúo de rap Estados del Púrpura, junto a Didier Domínguez, músico y decimista, un proyecto que no logra presentaciones en vivo, aunque sí deja su huella en algunas de sus canciones.

Un poeta que escribe canciones

En todo este tiempo, nunca deja de dialogar con su guitarra y sus letras siguen exigiéndole siempre un poco más.

Autor de 30 o 40 canciones resolutivas, equilibradas, llenas de sugerencias interpretativas como “Flor insólita”, “Por fin” y “Matices”, el músico ha logrado grabar además los discos El Sauce del Colibrí (rap) y Ritual en Orrius (instrumental).

¿Tus creaciones responden a tus vivencias o prefieres aislarte?

A mí cualquier cosa me motiva. A veces, me surgen ideas por cosas que veo en la calle, y en otras ocasiones los estímulos recibidos me sirven para madurar ideas que ya tenía en mente.

¿Y tu infancia en Cuba, la familia, están presentes en tu obra?

Si, claro, los recuerdos lindos están ahí. Las lluvias de mayo, los muchachos corriendo debajo de la lluvia… se hacen presentes en piezas como “Niño yoruba”. Asimismo, preparé una serie instrumental sobre los cubanos que emigran que se llama “La Travesía”.

No te veo como el habitual trovador intimistas, meloso, sentimental, bien enamorado…

Bueno, para empezar a mí me gusta mucho el rap, sobre todo, el que se hace en Cuba, y esto cambia muchas cosas a la hora de coger una guitarra.

Y la poesía ¿dónde la dejamos?

Yo escribo mis poesías de manera independiente, no las mezclo con mis temas trova. Son cosas aparte. Ya tengo un libro completo de poemas, se llama Fractura en nuestras luces, y pienso publicarlo aquí en Morelia, cuando llegue el momento.

Mi poesía es un poco existencial, en ella me pregunto ¿qué coño hago aquí?, ¿adónde me va a llevar la vida? ¿cómo voy a crecer? Es como una guía, es orientativa. No la hago de cara al público, no obstante, sí es disfrutable para los lectores.

Mi poética está llena de reflexiones con tristeza, reflejo hechos que me han dolido, aunque, a la vez, me han dado enseñanzas.

Michoacán en la mira

“Aterrice en Morelia hace un tiempo luego de iniciar una relación con una mexicana devota de los libros y del arte.  Aquí quiero seguir haciendo música y dar a conocer mi poesía. Creo que los cambios son necesarios y esta es una buena tierra para los cubanos y para todos los que se acercan con deseos de soñar un poco. Espero poder compartir con otros músicos muy pronto. Tengo cosas que aportar”.

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