Emocionarte

Es importante realizar una reflexión sobre este tema, sobre todo estando próximos a la fecha en la que se conmemora el Día Internacional de la Mujer declarado así por la ONU el 8 de marzo de 1975, a partir del hecho transcendental que marcó la historia del trabajo y la lucha sindical en el mundo entero: En donde 129 mujeres murieron en un incendio en la fábrica Cotton, de Nueva York, Estados Unidos, luego de que se declararan en huelga con permanencia en su lugar de trabajo.

De tal modo, que a partir de ese momento surgieron cambios en las condiciones de trabajo y el movimiento trajo consigo “libertad, igualdad y fraternidad”, por lo menos desde la teoría y los acuerdos pactados con los gobiernos a lo largo de estos años.

Sin embargo, como escribió Marielena Orantes López, en su libro la historia del 8 de marzo, (2007): “En nuestros días, hablar de las mujeres, de sus derechos y el ejercicio real de los mismos en aras de alcanzar la equidad de género y la igualdad de oportunidades, es hablar todavía de la lucha cotidiana que aún libramos”.

A pesar de lo anterior y de la existencia de desigualdad de género, existe la percepción de que son cada vez menos las mujeres que se autodefinen como feministas, puesto que para muchas el feminismo se volvió sinónimo de rechazo al hombre, a la maternidad, a la belleza femenina y otros valores de la mujer a los que no necesariamente desean renunciar.

Aunado lo anterior, todo este contexto social y cultural que se vive en el hoy, también genera en las mujeres emociones como: frustración, tristeza, culpa y muchas veces hartazgo. Y como no, si con el devenir del tiempo pareciera ser que se juega a avanzar un paso y retroceder dos.

En México, el INEGI calcula que las mujeres dedican 28.8 horas a la semana a cuidar a otras personas y al trabajo doméstico, mientras que los hombres dedican 12.6 horas. Contando lo que hacemos en el hogar y el trabajo llamado “productivo” en el ámbito laboral, las mujeres trabajamos 16 horas más a la semana. Este trabajo doméstico y de cuidado está poco valorado, aunque es indispensable para la vida y la reproducción social. En términos económicos el INEGI calcula que representa el 20.5% del Producto Interno Bruto (PIB).

Estas cifras sólo son un pequeño referente que me lleva a los siguientes cuestionamientos:

¿Para alcanzar la igualdad y la equidad, es primordial que la mujer, aparte de cubrir todas las áreas intelectuales necesarias para estar laboralmente activas, también tenga que cubrir con las actividades domésticas y cuidado de la familia?

¿La mujer para estar a la par de un hombre y percibir el mismo salario económico, tiene que sobrecargarse de actividades y ser multifuncional o en su defecto sacrificarse?

En este sentido, aparecen dos “nuevos” términos que se convierten en barreras para las mujeres, las cuales llevan a aquella vieja expresión inglesa “hay un elefante en la habitación”, estas barreras son el elefante rosa en medio de la sala, todas las personas lo ven, pero hacen como si no existiera. En 1986 el periódico Wall Street Journal, publica un artículo referido a los impedimentos con los que se encontraban las profesionales calificadas para acceder a puestos de responsabilidad y retoma por primera vez los términos de “techo de cristal” y “suelo pegajoso”, acuñados a Marilyn Loden ocho años atrás, en donde ella hace la reflexión sobre las barreras a las que las mujeres se seguían enfrentando.

La primera barrera “el suelo pegajoso”, simboliza la dificultad que tiene la mujer para despegarse del hogar e iniciar una vida laboral, lo cual implicaría sacrificar cosas en el hogar que le generarían culpa o una segunda opción, sacrificar el éxito profesional y conformarse con una actividad no acorde a su potencial, lo que le podría generaría frustración.

La segunda barrera “el techo de cristal”, se da una vez que la mujer ha logrado liberarse del suelo pegajoso, despega en su carrera y ha conseguido además avanzar algunos peldaños arriba, es justo ahí dónde se encuentra con este techo de cristal que no la deja subir más, esto debido a que hay puestos que por constructos sociales sólo les pertenecen a los hombres.

Estos términos son aplicables a las teorías en la psicología y subjetividad femenina, ambos referibles a los dilemas psicoemocionales que viven un gran porcentaje de mujeres que pretenden desarrollarse en espacios profesionales, pero que la presión familiar, social y de la pareja les hacen creer que su lugar “correcto” es el espacio del cuidado y la crianza; lo que las lleva a sentirse inseguras sobre el despliegue de sus capacidades, además de enfrentarlas a una disyuntiva para conciliar la vida laboral, profesional y familiar, por lo que muchas de las veces se ven obligadas a dejar su crecimiento.

De lo anterior, también es importante señalar que cuando las mujeres logran despegarse de ese suelo, el mismo contexto consigue poner nuevas limitantes que aunque no están escritas dentro de leyes y códigos, viven implícitas en el pensamiento colectivo de un mundo laboral patriarcal en donde el hombre tiene toda la disposición de quedarse jornadas laborales más largas y la mujer no por las actividades alternas y del hogar que realiza.

Entonces, ¿Cómo vamos a ser capaces de romper estas barreras?

Primeramente es necesario pensar en una nueva revolución de carácter social y cultural, posteriormente, hay que deconstruir el mundo, tenemos que seguir pensando que es posible que los derechos se den en igualdad y equidad de manera natural.

Así mismo, deben existir tres autonomías en la mujer: la física, la política y la económica. Ello, con el objeto de que se pueda comenzar a romper con los paradigmas anteriormente descritos.

“Dar a las mujeres la educación, el trabajo, la capacidad de controlar sus propios ingresos, heredar y poseer propiedades, beneficia a la sociedad. Si una mujer tiene el poder, sus hijos y su familia van a estar mejor. Si las familias progresan, el pueblo prospera y finalmente, lo hará todo el país”.
-Isabel Allende-

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2 COMENTARIOS

  1. Buen dia de la mujer!
    Aonque no soy partidiario de fechas forzadas politicamente, siento que al menos en cuestion laboral (que en si es la razon principal por la cual se implemento este dia), si es un tanto positivo para que corporaciones, negocios e industrias tomen cartas en el asunto para dejar de condiderar el horrenda y sumamente discriminante llamado “sexo debil” como el eslabon fragil de la sociedad y por ende tener puestos y salarios menores en relacion con el hombre.
    Es una interrogante la cuestion de que en epocas anteriores, hubo incontables lideresas y gestoras de movimientos predominantes sociales y culturales. Reinas, emperatrices, mujeres a la cabeza de dinastias e imperios que apesar de estar grabadas en los hitos de la humanidad, estan practicamente olvidadas en el fluir de la sociedad moderna; y eso es en gran parte a la predominancia de lo que constituye la figura autoritativa del varon, misma que erroneamente designa que la mujer carece de poder, idealismo y vision, cuando en realidad, la mujer es el fundamento y la poderosa cadena de hierro que une lo mas sobresaliente de la especie humana, no de la altamente corroida y corrupta sociedad de estos tiempos, que justamente como menciona el articulo, es necesaria una reestructuracion a profundidad para que la mujer logre reestablecerse como la imponente figura que a la par del hombre fue en epocas anteriores

    • Excelente reflexión y gracias por la lectura. Efectivamente tendemos a etiquetar y categorizar un sexo “débil” o “fuerte”, sin darnos cuenta lo que cada etiqueta podría generar, es importante la deconstrucción del pensamiento para poder construir y reeducarnos en diversos temas.

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